El informe de Zubancórdova revela una creciente desconfianza en el presidente y las instituciones argentinas, con datos que evidencian el desgaste de su credibilidad. A pesar de los esfuerzos por revertir la situación, la ciudadanía muestra signos de agotamiento, reflejados en la falta de interés por la reciente cadena nacional.
En su primera columna del año, Pascual Calícchio analiza la falta de repercusión de la reciente cadena nacional del presidente Javier Miléi, presentada para divulgar el presupuesto 2025. Según las declaraciones de Luis Majul, la baja audiencia puede atribuirse a un “estrés postraumático” colectivo vinculado con el abuso de las cadenas nacionales en el pasado, principalmente por parte de Cristina Kirchner. Este fenómeno, combinado con un creciente escepticismo hacia el gobierno actual, explica la falta de interés popular.
El informe de Zubancórdova, tomado como base para el análisis, indica una caída sostenida en la credibilidad del presidente. En las últimas semanas, Miléi ha perdido entre uno y dos puntos porcentuales de aprobación, un fenómeno que, según Calícchio, puede asociarse a la pérdida de confianza masiva que el informe señala. Esta tendencia se refleja también en encuestas que muestran que el 60% de la población tiene una imagen negativa del gobierno, en contraste con un empate entre opiniones favorables y desfavorables registrado meses atrás.
El informe también destaca que, a pesar del discurso optimista del presidente, la ciudadanía empieza a dudar de que el futuro prometido por el gobierno realmente llegue. El cansancio y la apatía social se manifiestan en la falta de participación en protestas y en la tímida respuesta a cacerolazos convocados. Aun así, no se percibe un movimiento drástico como el «que se vayan todos», sino más bien una especie de resignación.
Zubancórdova también revela un descrédito profundo hacia las instituciones argentinas, con un 76% de desconfianza hacia los medios de comunicación, un 74% hacia los sindicatos y un alarmante 86% hacia la justicia. Este clima de descontento generalizado, según el análisis de Calícchio, marca un vacío en el liderazgo y un agotamiento social que no logra ser capitalizado por ninguna fuerza política.