Un encuentro provincial reunió a todo el sector para impulsar el agroturismo como motor de desarrollo en una provincia que busca diversificar su economía.
En una provincia marcada históricamente por la energía, empieza a crecer otra narrativa.
Más silenciosa, pero persistente.
Neuquén reunió a productores, emprendedores, técnicos y funcionarios en un mismo espacio para discutir algo que hace unos años parecía marginal: el agroturismo como política de desarrollo.
El encuentro, realizado en el Centro de Convenciones Domuyo, puso sobre la mesa una idea que gana fuerza: integrar producción, turismo y conocimiento en una misma estrategia.
No es solo diversificación.
Es, en algún punto, una redefinición del modelo.
Durante la jornada, los debates se organizaron en tres ejes: producción, educación e investigación, y turismo.
Una estructura que no es casual.
Apunta a pensar el agroturismo no como una actividad aislada, sino como un sistema que necesita articulación para crecer.
En ese cruce aparecen experiencias concretas.
Estancias que abren sus puertas, ferias de productores que se consolidan, redes de elaboración de alimentos que suman valor local.
Pequeñas economías que empiezan a encontrar en el turismo una forma de ampliarse sin perder identidad.
El enfoque provincial busca justamente eso: fortalecer las economías regionales sin imponer modelos externos.
Dar herramientas, generar redes, acompañar procesos.
En una provincia donde el petróleo sigue siendo el eje central, el agroturismo aparece como una alternativa complementaria.
Más distribuida.
Más ligada al territorio.
Más conectada con la vida cotidiana de las comunidades.
Pero también más desafiante.
Porque crecer en este sector implica resolver tensiones:
cómo escalar sin perder autenticidad, cómo atraer visitantes sin transformar los paisajes en mercancía.
El encuentro dejó algo claro.
El potencial está.
Y no es menor.
Neuquén ya cuenta con experiencias vinculadas al turismo rural, la gastronomía local y la producción artesanal que pueden convertirse en circuitos más amplios.
El desafío ahora es ordenar ese crecimiento.
Dar coherencia a iniciativas dispersas.
Construir una red.
En ese sentido, el énfasis en la educación y la formación aparece como una clave.
Porque el agroturismo no se improvisa.
Requiere capacitación, planificación y una mirada de largo plazo.
La jornada cerró con un objetivo concreto: avanzar en una agenda común entre los distintos actores del sector.
Una hoja de ruta que permita pasar del potencial a la consolidación.
En tiempos donde las economías regionales buscan nuevas formas de sostenerse, el agroturismo ofrece algo más que ingresos.
Ofrece arraigo.
Y en una provincia extensa, diversa y muchas veces desigual, eso puede ser tan importante como cualquier indicador económico.