En Neuquén crece una vitivinicultura que busca producir sin romper el paisaje

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Un emprendimiento artesanal neuquino impulsa vinos elaborados con prácticas regenerativas y fuerte identidad territorial. La propuesta combina producción sustentable, escala pequeña y una mirada distinta sobre el vínculo entre economía y ambiente.

En la Patagonia el vino ya no se piensa solamente como industria.

También empieza a aparecer como una forma de habitar el territorio.

Más lenta.

Más artesanal.

Y bastante menos agresiva con el paisaje.

Esa es la lógica detrás de un proyecto vitivinícola neuquino que apuesta por la producción regenerativa y la identidad local como eje central de su desarrollo.

La iniciativa trabaja con métodos orientados al cuidado del suelo, el uso responsable del agua y la reducción del impacto ambiental, en una región donde el cambio climático y la presión sobre los recursos naturales empiezan a modificar incluso las formas tradicionales de producir.

Pero la propuesta no busca competir solamente desde lo ecológico.

También desde la identidad.

Los vinos intentan reflejar características propias del territorio patagónico: amplitud térmica, viento, suelos áridos y una escala de producción mucho más pequeña que la de grandes bodegas industriales.

Ahí aparece una diferencia importante.

La lógica regenerativa no apunta únicamente a “contaminar menos”.

Busca que la producción ayude a recuperar biodiversidad, fortalecer ecosistemas y sostener vínculos más equilibrados entre actividad económica y ambiente.

En Neuquén, además, la discusión tiene un peso particular.

La provincia atraviesa una expansión energética gigantesca vinculada a Vaca Muerta, mientras distintos sectores productivos intentan construir modelos alternativos ligados al turismo, la gastronomía y las economías regionales.

Por eso proyectos así funcionan también como una señal cultural.

Muestran que existe otra manera posible de pensar desarrollo y producción en la Patagonia.

Más conectada con el paisaje.

Más vinculada al valor agregado local.

Y menos dependiente de las grandes lógicas extractivas.

El vino neuquino todavía ocupa una escala pequeña frente a otras industrias provinciales.

Pero empieza a consolidar algo bastante potente: una identidad propia.

Y en tiempos donde gran parte de la economía parece diseñada para producir rápido y descartar rápido, apostar por procesos más lentos, territoriales y sustentables también empieza a funcionar como una decisión política.