Crean células solares capaces de funcionar bajo el mar durante más de cinco años

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Un equipo de científicos chinos desarrolló células solares de perovskita que lograron operar a 10 metros de profundidad durante unos cinco años y medio, un avance que podría abrir nuevas posibilidades para alimentar tecnología submarina.

La energía solar encontró un territorio inesperado: el fondo del mar. Un equipo de investigadores chinos logró desarrollar células solares capaces de funcionar de manera estable bajo el agua y mantener su actividad durante aproximadamente cinco años y medio a una profundidad de 10 metros. El estudio fue publicado en la revista científica Joule.

El desafío no era menor. A medida que la luz atraviesa el agua, su intensidad disminuye rápidamente, lo que dificulta aprovecharla para generar electricidad. Hasta ahora, las investigaciones sobre paneles solares submarinos se habían concentrado principalmente en profundidades de dos metros o menos.

Los investigadores desarrollaron células fabricadas con perovskita, un material que en los últimos años despertó interés por sus posibilidades dentro de la energía fotovoltaica. Primero trabajaron en laboratorio con filtros ópticos capaces de reproducir las condiciones de iluminación que existen a distintas profundidades.

Después llegó la prueba decisiva. Las células fueron integradas en robots submarinos y trasladadas al mar de China Meridional, frente a la isla Weizhou. Allí fueron sumergidas hasta 10 metros de profundidad para comprobar cómo respondían fuera del laboratorio.

Los resultados fueron especialmente llamativos por la cantidad de energía obtenida. Tras permanecer dos horas bajo el agua, los módulos lograron generar electricidad suficiente para cargar baterías de iones de litio, mientras que las pruebas de funcionamiento prolongado mostraron una estabilidad estimada de alrededor de cinco años y medio.

La tecnología podría tener aplicaciones concretas en lugares donde resulta complicado llevar energía desde tierra firme. Sensores, cámaras y sistemas de comunicación instalados bajo el agua podrían utilizar estas células como fuente energética, reduciendo la necesidad de reemplazar baterías con frecuencia.

Otro de los avances importantes fue pasar de pequeñas células desarrolladas en laboratorio a módulos de mayor superficie. Esa transición permitió comprobar que el concepto no depende únicamente de experimentos controlados, sino que también puede funcionar en condiciones reales del océano.

De todos modos, todavía quedan preguntas por responder. El equipo planea realizar nuevas pruebas a mayores profundidades para determinar hasta dónde puede llegar esta tecnología y qué condiciones permiten mantener su rendimiento.

El desarrollo muestra que la expansión de las energías renovables no necesariamente tiene que limitarse a los espacios terrestres. Mientras la superficie del planeta se llena de parques solares y proyectos fotovoltaicos, el océano empieza a aparecer como otro escenario posible para producir electricidad.

Si las futuras pruebas confirman estos resultados, las células solares submarinas podrían convertirse en una herramienta para sostener parte de la infraestructura tecnológica que ya existe bajo los océanos. Por ahora, el experimento ofrece una señal prometedora: incluso a varios metros bajo el agua, todavía puede quedar suficiente luz para convertirla en energía.