Facundo Lopatin creció entre Loncopué, Caviahue y Copahue y convirtió su vínculo con la cordillera neuquina en un proyecto turístico basado en el esquí de travesía, la naturaleza y el desarrollo local.
Para Facundo Lopatin, Loncopué, Caviahue y Copahue nunca fueron lugares separados. Son parte de una misma historia familiar, marcada por la montaña, la nieve, las termas y los volcanes. Creció recorriendo esos paisajes y, con el tiempo, encontró allí una profesión que terminó convirtiéndose también en una forma de vida.
Su relación con el turismo comenzó desde muy chico. Su abuelo paterno tenía un hotel en Copahue y su padre trabajaba con una distribuidora que recorría el camino entre Loncopué y Copahue. Del lado materno, sus abuelos vivían en Caviahue. Entre esos tres lugares construyó una identidad ligada al territorio mucho antes de pensar que algún día podría trabajar en él.
Mientras colaboraba en el hotel familiar y en el restaurante de su padre, Facundo comenzó a enseñarles a esquiar a sus amigos. Lo que empezó como una actividad compartida fue tomando otra dimensión hasta convertirse en una profesión. Más adelante viajó a Estados Unidos para capacitarse y profundizar sus conocimientos sobre el esquí, un paso para el que incluso decidió vender su auto junto a su hermano.
Su recorrido profesional tampoco estuvo libre de dificultades. Después de reclamar por sus condiciones laborales en un centro de esquí, fue despedido junto con otros trabajadores. Lejos de abandonar la actividad, encontró una nueva oportunidad en las excursiones de montaña y comenzó a explorar otras formas de mostrar el paisaje, incluso utilizando una moto de nieve y un dron para registrar sus experiencias.
Hoy trabaja como prestador turístico habilitado en Caviahue-Copahue y ofrece propuestas de esquí de travesía. Su objetivo va más allá de llevar visitantes a la nieve: busca que quienes llegan puedan conocer el territorio, comprenderlo y valorar una combinación natural poco común, donde conviven un volcán activo, un lago ácido, bosques de araucarias y aguas termales.
La experiencia también incorpora la tecnología. Su conocimiento como piloto de dron le permite registrar desde el aire algunos de los paisajes que forman parte de las excursiones. Para Facundo, la aventura no termina cuando termina el recorrido: también importa que el visitante se lleve una experiencia y una mirada diferente sobre la montaña.
La seguridad ocupa otro lugar central en su propuesta, especialmente para quienes se acercan por primera vez al esquí de travesía. Los visitantes con mayor experiencia suelen buscar el desafío y el paisaje, mientras que quienes recién comienzan necesitan sentirse acompañados y seguros durante todo el recorrido.
Facundo también observa un crecimiento del movimiento turístico en Copahue y una mayor presencia de prestadores. En ese escenario, considera que la combinación entre termas y nieve puede convertirse en una de las claves para ampliar la actividad durante distintas épocas del año y generar nuevas oportunidades para quienes viven en la región.
Esa mirada está vinculada también con el desarrollo de la comunidad. Aunque no tiene empleados directos para su actividad de esquí de travesía, articula con otros prestadores cuando necesita ampliar los servicios que ofrece. Para él, cada emprendimiento puede generar un efecto que va más allá de sus propios límites y contribuir a crear empleo y movimiento económico local.
Su historia resume una manera particular de entender el turismo en la cordillera neuquina: no solamente como una actividad para quienes llegan desde afuera, sino como una posibilidad de construir proyectos de vida desde el propio territorio. Entre nieve, volcanes, araucarias y termas, Facundo encontró en la montaña algo más que un paisaje: encontró un oficio, una identidad y una forma de imaginar el futuro de Copahue.