Los vinos neuquinos buscan conquistar al mundo desde la Patagonia

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Quince especialistas internacionales recorrieron bodegas de Neuquén y Río Negro y conocieron de primera mano la producción vitivinícola de la región. La misión reunió a referentes de seis mercados y abrió una nueva ventana para los vinos patagónicos en el escenario internacional.

Hay territorios que también pueden contarse a través de una copa. En Neuquén, esa historia se escribe entre viñedos, viento patagónico y bodegas que durante las últimas décadas fueron construyendo una identidad propia. Ahora, esa identidad comenzó a viajar más lejos: entre el 24 y el 26 de septiembre, quince especialistas internacionales recorrieron establecimientos vitivinícolas de Neuquén y Río Negro para conocer de cerca los vinos de la Patagonia.

La misión fue organizada por Wines of Argentina, la entidad encargada de promover el vino argentino en los mercados internacionales, con el acompañamiento del Gobierno de Neuquén. Los visitantes llegaron desde Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Brasil, Hong Kong y China, seis mercados considerados estratégicos para la expansión internacional de la producción vitivinícola.

El recorrido tuvo una particularidad importante: no se trató simplemente de una degustación o de una presentación comercial. Los especialistas pudieron recorrer los lugares donde se producen los vinos, conocer sus características y probar distintas etiquetas directamente en las bodegas. En tiempos en los que buena parte de las relaciones comerciales pueden resolverse detrás de una pantalla, mostrar el territorio se convirtió también en una forma de contar el producto.

Los quince visitantes cuentan con certificación de la Wine & Spirit Education Trust, conocida como WSET, una institución internacional especializada en formación sobre vinos y bebidas espirituosas. Su presencia le dio a la misión una dimensión especialmente relevante para las bodegas participantes, ya que se trata de profesionales vinculados con la educación y comunicación del vino en distintos mercados.

En Neuquén, tres bodegas funcionaron como anfitrionas: Mabellini, en la capital provincial, y Malma y Schroeder, en San Patricio del Chañar. Pero la muestra no quedó limitada a esas tres empresas. También se presentaron vinos de Aicardi, Fin del Mundo y Primogénito, ampliando el panorama sobre la diversidad de productores que conforman la vitivinicultura neuquina.

La apuesta tiene un objetivo que va más allá de conseguir una venta inmediata. La idea es que quienes visitaron la región puedan llevarse una imagen concreta de la Patagonia vitivinícola y transmitirla después en sus respectivos mercados. Una copa puede abrir una puerta comercial, pero detrás de ella también viaja el paisaje, la historia del lugar y una determinada manera de producir.

Desde el sector provincial destacaron precisamente ese efecto multiplicador. El Programa Vitivinícola del Centro PyME-Adeneu viene acompañando tanto la participación de bodegas neuquinas en ferias internacionales como la llegada de especialistas extranjeros a la provincia. El objetivo es generar un intercambio que permita mostrar los productos locales en el exterior y, al mismo tiempo, acercar compradores y referentes internacionales al territorio donde se elaboran.

Para Wines of Argentina, Neuquén ocupa un lugar dentro de una estrategia destinada a mostrar la diversidad del vino argentino según cada región. La Patagonia busca así consolidar una identidad propia dentro de un mapa vitivinícola que durante décadas tuvo a otras zonas del país como principales protagonistas.

La misión tuvo además un carácter especial porque fue el primer viaje oficial de WSET a Sudamérica desde la pandemia. Para los productores neuquinos, esa circunstancia convirtió la visita en una oportunidad para mostrar cómo evolucionó la actividad regional y cuáles son las características que distinguen a sus vinos.

En el caso de Mabellini Wines, una de las bodegas anfitrionas, la visita fue presentada como una oportunidad para que los especialistas pudieran encontrarse con distintas zonas, variedades, estilos y escalas de producción dentro de un mismo recorrido. Esa diversidad es uno de los elementos que la región busca poner en valor.

La vitivinicultura neuquina también tiene una relación cada vez más estrecha con el turismo. Las bodegas dejaron de ser únicamente espacios productivos y comenzaron a formar parte de experiencias en las que el visitante puede conocer los viñedos, descubrir los procesos de elaboración y probar los vinos en el mismo territorio donde nacen.

En ese sentido, vender una botella y promocionar un destino empiezan a formar parte de una misma estrategia. Un vino que llega a una mesa de otro país puede despertar también curiosidad por conocer de dónde viene. Y detrás de esa copa aparecen San Patricio del Chañar, Neuquén capital y otros paisajes de una Patagonia que busca hacerse un lugar propio en el mundo del vino.

El desafío, de todos modos, recién comienza. La competencia internacional es amplia y construir reconocimiento lleva tiempo. Pero para las bodegas neuquinas, que especialistas de seis mercados hayan recorrido sus instalaciones y probado sus productos representa una oportunidad concreta para ampliar contactos y fortalecer su presencia fuera del país.

La Patagonia ya tiene el paisaje. Ahora busca que ese paisaje también pueda reconocerse en el sabor. Y en cada botella que cruza una frontera viaja algo más que vino: viaja una parte de Neuquén.