En el norte neuquino, el monumento a María Auxiliadora se convirtió en uno de los símbolos de Chos Malal y en una parada del Camino de la Fe, un recorrido de más de 800 kilómetros que une Ailinco con Villa La Angostura entre paisajes, historia y patrimonio religioso.
En Chos Malal, la fe también tiene un camino de montaña. Hay que caminar, subir y dejar que la ciudad quede poco a poco más abajo para entender por qué el Cerro de la Virgen se convirtió en uno de los lugares más reconocibles del norte neuquino. Desde allí arriba, el valle, los barrios y los cerros que rodean la ciudad aparecen bajo otra luz, mientras los ríos Neuquén y Curi Leuvú se encuentran en el paisaje como una marca de identidad.
El monumento a María Auxiliadora forma parte del Camino de la Fe, una propuesta turística y espiritual de más de 800 kilómetros que conecta Ailinco con Villa La Angostura. El recorrido atraviesa capillas, monumentos y sitios vinculados con la historia religiosa de la provincia, pero también permite descubrir pueblos, paisajes y comunidades que fueron construyendo su identidad alrededor de esos lugares.
Llegar hasta la cima puede llevar aproximadamente una hora de caminata, mientras que el recorrido completo, entre subida, descenso y pausas, ronda las dos horas. También existe la posibilidad de acceder por un camino vehicular. La cima se encuentra a unos 1.102 metros sobre el nivel del mar y ofrece una panorámica privilegiada de Chos Malal y de su entorno.
Pero el valor del cerro no está solamente en la vista. Para entenderlo hay que volver varias décadas atrás.
La historia comenzó en 1954, cuando un grupo de personas vinculadas al oratorio de Chos Malal comenzó a subir al entonces llamado Cerro Martín. Desde allí podían observar otro pequeño monumento religioso conocido como la Mayólica de la Virgen del Agro.
Las primeras ascensiones se realizaron los días 6 y 13 de junio de aquel año. Durante esas jornadas, los participantes dejaron escrita con piedras la leyenda “Domingo Savio”. Poco después, más familias se sumaron a los trabajos para mejorar el camino de acceso.
La comunidad también comenzó a imaginar algo más grande. Se encargó al Colegio Pío IV de Buenos Aires la estatua de María Auxiliadora, que finalmente llegó a Chos Malal el 2 de octubre de 1954. La recepción reunió a autoridades, vecinos, jinetes y una carroza decorada con figuras de ángeles.
Al día siguiente, el 3 de octubre, la imagen fue llevada en andas hasta la cumbre del Cerro Martín. Desde entonces, el lugar comenzó a ser conocido como Cerro de la Virgen María Auxiliadora y pasó a ocupar un espacio particular en la memoria de la ciudad.
Con el paso del tiempo, el monumento fue cambiando. La obra original tuvo un pedestal de aproximadamente diez metros de altura y contó con la colaboración de distintos integrantes de la comunidad. Décadas más tarde, el espacio fue restaurado a partir de un proyecto del arquitecto Alejandro Santana, que intervino tanto la base de la Virgen como su entorno.
La renovación incorporó nuevos elementos, entre ellos un solado de porcelanato en la base, estaciones para el rezo del rosario, un anfiteatro y columnas que sostienen el halo alrededor de la imagen. El diseño busca combinar la dimensión religiosa con el paisaje y una serie de símbolos vinculados con la vida, la luna y el espacio celestial.
El cerro también forma parte de una historia mucho más amplia: la presencia salesiana en el norte de Neuquén. Durante décadas, distintos misioneros recorrieron esta región y acompañaron a comunidades, construyeron capillas y participaron de procesos sociales que fueron más allá de la actividad religiosa.
Entre los nombres vinculados con esa historia aparecen Domingo Milanesio, conocido como “Patiru Domingo”, Marcelo P. Gardin, Florindo Zandonella, Mateo Gavoÿo, Bartolomé Panaro y Pedro Martinengo. Su presencia quedó ligada a distintas comunidades del norte neuquino y a una época en la que los caminos de la región eran también caminos de encuentro.
En Chos Malal, esa historia también se relaciona con las colectividades chilenas de la Colonia Malbarco, que tuvieron un papel en la conformación de las comunidades del norte provincial. Por eso, mirar el Cerro de la Virgen solamente como un sitio religioso sería quedarse con una parte de su historia. El lugar también habla de migraciones, trabajo, comunidad y de las formas en que distintas generaciones fueron dejando huellas en el territorio.
Ese es, justamente, uno de los sentidos que busca recuperar el Camino de la Fe. Más que una sucesión de destinos religiosos, propone recorrer Neuquén a través de una combinación de espiritualidad, naturaleza, patrimonio e historia.
En ese mapa, el Cerro de la Virgen ocupa un lugar especial. Quienes llegan hasta allí pueden hacerlo por motivos diferentes: algunos por fe, otros por curiosidad, por interés histórico o simplemente para contemplar el paisaje. Todos terminan encontrándose con una misma postal: Chos Malal extendida en el valle, los cerros marcando el horizonte y los ríos dibujando una parte esencial de la geografía local.
Más de setenta años después de aquella primera imagen trasladada hasta la cima, María Auxiliadora continúa mirando la ciudad desde lo alto. El monumento sobrevivió al paso del tiempo, fue transformado y se incorporó a una propuesta turística que busca conectar distintos puntos de Neuquén.
Porque a veces un camino no se trata solamente de llegar. También consiste en mirar hacia atrás, reconocer las historias que quedaron en el territorio y descubrir que una montaña puede guardar mucho más que una panorámica.
En Chos Malal, el Cerro de la Virgen es eso: un lugar donde la fe se encuentra con el paisaje y donde la historia de una comunidad todavía puede recorrerse a pie.