Con sus grandes escamas, su cuerpo pardo dorado y una particular aleta dorsal, la perca es uno de los peces nativos que habitan ríos, lagos, lagunas y embalses de Neuquén. Su comportamiento y su alimentación revelan una especie adaptada a una enorme variedad de ambientes de la provincia.
En los ambientes acuáticos de Neuquén hay una especie que puede pasar inadvertida para quien mira solamente la superficie, pero que forma parte de una historia mucho más profunda: la de la biodiversidad que habita los ríos, lagos y lagunas de la provincia. La perca, uno de los peces nativos de la fauna neuquina, se distribuye desde las zonas cordilleranas hasta los grandes embalses del Limay y el Neuquén.
Su aspecto permite reconocerla con cierta facilidad. Tiene un cuerpo de tonalidad pardo dorada, grandes escamas y puede presentar manchas más oscuras o variaciones de color según el ambiente en el que se encuentre. Pero uno de sus rasgos más particulares está en la aleta dorsal, dividida en dos sectores: uno anterior sostenido por entre seis y nueve espinas fuertes y otro posterior formado por radios blandos.
También cuenta con una aleta anal con tres espinas anteriores, aletas pélvicas ubicadas en posición torácica y una boca protráctil, capaz de proyectarse hacia adelante. Son características que no solamente sirven para identificarla, sino que también hablan de la manera en que la especie se relaciona con el ambiente en el que vive.
La alimentación es otro de los aspectos que hacen particular a la perca. La especie es carnívora durante todas sus etapas de vida. En los ejemplares adultos de perca de boca grande, esa condición puede volverse todavía más marcada: desarrollan hábitos piscívoros y se alimentan de otros peces.
Entre sus presas aparece el puyen chico. La información provincial también señala como falsa la idea de que la perca tenga preferencia por alimentarse de salmónidos, una aclaración que permite separar algunas creencias habituales de las características registradas para la especie.
Su comportamiento tampoco es siempre el mismo. Los ejemplares adultos suelen llevar una vida solitaria, aunque esa rutina cambia durante el período de desove, cuando se concentran y forman cardúmenes. Los juveniles, en cambio, permanecen agrupados de manera permanente.
Ese cambio de comportamiento a lo largo del ciclo de vida muestra que los animales no ocupan un lugar estático dentro de los ecosistemas. Sus formas de desplazarse, alimentarse y relacionarse con otros ejemplares pueden modificarse según la edad y las necesidades de cada etapa.
La presencia de la perca se extiende por buena parte del territorio neuquino. En el norte y el Alto Neuquén aparece en lagunas de altura como Varvarco Campos, Varvarco Tapia, Vaca Lauquén, Los Cerrillos, La Leche, Huaraco y Los Pajaritos. También habita ríos y arroyos como el Pichi Neuquén, Trocomán, Nahueve, Guañaco y distintos sectores del río Neuquén y sus afluentes.
En la zona cordillerana y en los lagos del centro y sur provincial se encuentra en ambientes como los lagos Aluminé, Moquehue, Huechulafquen y Lolog, además del río Collón Curá. También aparece en Laguna Blanca, cerca de Zapala, y en numerosos embalses vinculados con los ríos Limay y Neuquén.
Su distribución también alcanza espacios cercanos a los grandes centros urbanos. El tramo inferior del río Neuquén y distintos sectores del Limay forman parte de los ambientes donde puede encontrarse, al igual que zonas asociadas a Arroyito y los alrededores de Neuquén capital.
En los embalses, su presencia se extiende por lugares como Los Barreales, Mari Menuco, Arroyito, El Chocón, Pichi Picún Leufú, Piedra del Águila y Alicurá. Es una distribución amplia que muestra la capacidad de la especie para ocupar ambientes acuáticos muy diferentes dentro de una misma provincia.
Entre esos paisajes hay diferencias enormes. No es lo mismo una laguna de altura rodeada por montañas que un gran embalse construido sobre el curso de un río. Sin embargo, la perca consigue formar parte de todos esos escenarios, integrada a cadenas alimentarias y comunidades acuáticas que funcionan mucho antes de que alguien llegue con una caña, una cámara o simplemente con ganas de contemplar el paisaje.
De acuerdo con la ficha técnica difundida por la Provincia, la especie tiene un estado de conservación considerado “no amenazada”. Eso no significa que los ambientes donde vive sean ajenos a los desafíos ambientales. Al contrario: conocer qué especies los habitan es una de las primeras herramientas para comprender qué se está protegiendo cuando se habla de conservar ríos, lagos, lagunas y humedales.
La perca es, en ese sentido, mucho más que un pez reconocible por sus escamas. Es una pieza de los ecosistemas acuáticos neuquinos y una muestra de la diversidad que existe incluso en ambientes que muchas veces parecen familiares.
Neuquén suele ser contado a través de sus montañas, sus bosques, sus volcanes y sus grandes ríos. Pero debajo de esa postal existe otra provincia, silenciosa y en movimiento, donde distintas especies encuentran alimento, refugio y lugares para reproducirse.
Conocer a la perca es también mirar esa provincia desde otro lugar. Desde el agua. Y entender que la biodiversidad no siempre necesita grandes paisajes para hacerse visible: a veces alcanza con detenerse frente a un río y saber qué vida se mueve debajo de la superficie.