En San Patricio del Chañar, Carlos Alarcón convirtió una actividad que comenzó como pasatiempo en un emprendimiento familiar. Con capacitación, inversión y financiamiento del IADEP, construyó una pequeña empresa que hoy suma reconocimientos regionales y representa una nueva experiencia dentro del entramado productivo neuquino.
Algunos proyectos empresariales nacen de grandes planes de negocios. Otros comienzan mucho más modestamente: con curiosidad, algunas herramientas y el deseo de aprender algo nuevo. En San Patricio del Chañar, la historia de HAW pertenece a esta segunda categoría. Lo que empezó como una actividad de fin de semana terminó convirtiéndose en una pequeña fábrica familiar, construida a partir de años de trabajo, capacitación e inversión.
Detrás de la iniciativa está Carlos Alarcón, quien en 2018 decidió inscribirse en un curso de elaboración artesanal en el Puesto de Capacitación N.º 2 de la localidad. En aquel momento no imaginaba que aquella experiencia pudiera transformarse en una actividad económica. La idea era aprender, experimentar y compartir el tiempo libre con su familia.
Las primeras experiencias se realizaron con un equipo de apenas 50 litros y el acompañamiento técnico de los instructores del establecimiento. Los sábados eran el momento destinado a trabajar en el proyecto, mientras la actividad todavía conservaba el carácter de un pasatiempo.
El cambio llegó en 2020, cuando Alarcón se jubiló y decidió darle una dimensión productiva a lo que había comenzado años antes. Junto con su familia empezó a organizar una fábrica artesanal en el quincho de su propia vivienda. El espacio doméstico se convirtió en el primer escenario de una iniciativa que requería nuevas inversiones y una planificación diferente.
Primero incorporaron un equipo de 100 litros. Después llegaron los fermentadores, los sistemas de refrigeración y otros elementos necesarios para ampliar la infraestructura. El crecimiento también exigió adaptar las instalaciones y cumplir con las habilitaciones municipales y las condiciones bromatológicas correspondientes.
En ese recorrido, el financiamiento del Instituto Autárquico de Desarrollo Productivo (IADEP) tuvo un papel importante. El crédito permitió avanzar con la ampliación del establecimiento y mejorar las condiciones de trabajo, una instancia fundamental para pasar de una actividad doméstica a una estructura productiva formalizada.
La historia de HAW también tiene una particularidad afectiva. El nombre de la marca no surgió de un estudio comercial ni de una estrategia de posicionamiento, sino de un homenaje familiar. Las tres letras corresponden al comienzo del apellido Hawrylac, de origen polaco, de la esposa de Carlos, a quien él llamaba cariñosamente de esa manera.
La elección terminó convirtiendo un gesto cotidiano en la identidad de un emprendimiento que fue creciendo con el acompañamiento de toda la familia. Detrás de la marca hay una historia compartida, donde los vínculos personales y el trabajo cotidiano se entrelazaron hasta construir una pequeña empresa.
Con el paso de los años, el proyecto también consiguió reconocimiento en distintos encuentros regionales. En 2024, obtuvo una medalla de bronce en la Fiesta Provincial de la Cerveza Artesanal de Aluminé y otra distinción en la Copa Trashumancia de Chos Malal. Esta última volvió a repetirse en la edición 2025 del certamen. Además, Carlos recibió una mención como mejor productor casero en 2024.
Estos reconocimientos acompañaron un proceso de crecimiento que no se limitó a la incorporación de equipamiento. También implicó adquirir conocimientos técnicos, mejorar procedimientos, cumplir exigencias sanitarias y desarrollar una organización capaz de sostener una actividad comercial.
El caso de HAW permite observar una dimensión de la economía neuquina que suele quedar en segundo plano frente a la centralidad de los hidrocarburos y las grandes inversiones energéticas. La provincia cuenta con una diversidad de iniciativas familiares y pequeñas empresas que, desde distintas localidades, buscan generar actividad económica, incorporar valor y construir oportunidades laborales.
En San Patricio del Chañar, tradicionalmente vinculado con la producción frutícola y vitivinícola, el emprendimiento representa una experiencia de diversificación que amplía el mapa de actividades locales.
También deja una enseñanza sobre el papel de la capacitación y las herramientas de financiamiento. Para muchos proyectos pequeños, el principal obstáculo no es necesariamente la falta de ideas, sino la dificultad de conseguir recursos para pasar de una experiencia inicial a una estructura formal y sostenible.
La trayectoria de Carlos Alarcón reúne precisamente esos elementos: formación pública, inversión familiar, acompañamiento institucional y años de trabajo para consolidar una actividad productiva.
Desde aquel primer equipo de 50 litros hasta la fábrica que funciona actualmente, HAW recorrió un camino que demuestra cómo una iniciativa nacida en el ámbito doméstico puede encontrar su lugar dentro de la economía regional.
En una provincia que busca ampliar su matriz productiva, las historias de pequeñas empresas también merecen atención. Porque el desarrollo no se construye únicamente con grandes anuncios y cifras millonarias: también toma forma en los talleres, las fábricas familiares y los proyectos que, desde cada localidad, encuentran una manera de crecer sin perder sus raíces.