Un relevamiento nacional del Ministerio de Capital Humano identificó 9.421 personas viviendo en la calle en 19 jurisdicciones. La mayoría perdió su vivienda en los últimos dos años, tiene algún ingreso y conserva documentación, lo que muestra una exclusión más cercana y extendida.
La calle ya no aparece solamente como el último escalón de una caída larga y extrema. Cada vez más, se parece a un lugar al que se llega rápido.
Según el primer relevamiento nacional sobre personas en situación de calle realizado por el Ministerio de Capital Humano, casi el 60% de las personas que hoy viven en esa condición quedaron en la calle en los últimos dos años. El dato surge de un relevamiento hecho en 18 provincias y la Ciudad de Buenos Aires, donde se identificaron 9.421 personas en situación de calle.
La cifra, de por sí, ya resulta impactante. Pero el dato más fuerte aparece cuando se observa la velocidad con la que muchas personas llegaron a esa situación.
Del total de quienes respondieron el cuestionario oficial, el 18% lleva entre uno y dos años viviendo en la calle; el 19%, entre seis meses y un año; el 13%, entre un mes y seis meses; y el 9%, menos de un mes. En otras palabras, seis de cada diez personas quedaron fuera del sistema de vivienda en un período relativamente corto.
El relevamiento fue realizado en espacios públicos, plazas, calles, zonas céntricas y periféricas, además de refugios, paradores y centros de alojamiento transitorio. Sin embargo, no participaron la provincia de Buenos Aires, Tierra del Fuego, La Rioja, Santiago del Estero ni Formosa, por lo que los números oficiales no alcanzan a mostrar la dimensión completa del problema.
De hecho, solo en la Ciudad de Buenos Aires, organizaciones sociales aseguraron haber encontrado más personas que las identificadas por el Gobierno nacional en todo el país.
En septiembre de 2025, organizaciones como Proyecto 7 realizaron el tercer censo popular de personas en situación de calle y concluyeron que había 11.892 personas viviendo en las calles porteñas. Es decir, casi 2.500 más que las registradas por Capital Humano a nivel nacional.
La diferencia entre ambas cifras también muestra que no existe una única manera de medir este fenómeno. Mientras el relevamiento oficial se concentró en 19 jurisdicciones y utilizó dispositivos estatales y espacios públicos identificados previamente, las organizaciones recorrieron durante cuatro días los 47 barrios porteños, con más de 700 voluntarios y rastrillajes a pie en distintas franjas horarias.
Más allá de las diferencias metodológicas, hay algunos datos del informe oficial que ayudan a entender quiénes son hoy las personas que viven en la calle.
El 83% son varones y el 92% son mayores de 18 años. Aun así, el informe también detectó a 526 menores de edad en esta situación.
Además, el 90% tiene DNI, el 53% realiza alguna actividad laboral y el 56% recibe algún tipo de transferencia social. Un 30% percibe ingresos previsionales y un 8% obtiene otros ingresos.
Lejos de la idea de una población completamente desconectada del sistema, el informe muestra otra cosa: personas que muchas veces trabajan, tienen documentos, cobran alguna ayuda estatal o jubilación, pero aun así no logran sostener un alquiler, pagar una pensión o mantener una red mínima de contención.
También se identificó que más de la mitad tiene la primaria completa, pero no terminó el secundario. Allí aparece otra capa del problema: trayectorias educativas interrumpidas, empleos precarios y vínculos familiares debilitados que vuelven más difícil salir de la exclusión.
Desde Capital Humano señalaron que los datos muestran “perfiles con DNI, empleo informal e ingresos parciales, pero también con vínculos familiares rotos, trayectorias prolongadas de exclusión y problemas de salud o consumo problemático”.
En junio de 2025, además, el Gobierno nacional transfirió a las provincias y a la Ciudad de Buenos Aires la responsabilidad principal sobre la asistencia a personas en situación de calle. Desde entonces, Nación sostiene que su rol será de coordinación general, mientras que la intervención concreta quedará en manos de gobiernos provinciales y municipales.
La discusión de fondo, sin embargo, excede quién cuenta a las personas o quién administra los refugios. La pregunta más incómoda es otra: qué está pasando en una sociedad donde cada vez más gente puede caer en la calle en menos de dos años.
Porque detrás de cada número hay una historia distinta. Pero en casi todas se repiten las mismas palabras: alquiler, trabajo precario, ruptura familiar, salud mental, consumo, deuda y soledad.