El cortometraje de Agnese Boaretto tendrá su avant premiere en el Cine Teatro Español con entrada gratuita. Rodado en Zapala, pone en escena una historia atravesada por la identidad, la juventud y una marca profunda de la historia reciente.
Hay historias que no buscan solo ser contadas, sino también ser recordadas. “6 de abril”, el cortometraje dirigido por Agnese Boaretto, llega a Neuquén con esa intención: abrir una conversación que todavía resuena en la memoria colectiva.
La avant premiere será el próximo 6 de abril a las 20:30 en el Cine Teatro Español, con entrada libre y gratuita, en una jornada que propone algo más que una proyección. Antes de la película, habrá música en vivo a cargo del cantautor Ernesto Guevara, y al finalizar, un intercambio con el equipo técnico y artístico. La experiencia, así planteada, busca correrse del formato tradicional de exhibición para convertirse en un espacio de encuentro.
El corto, de 30 minutos, fue íntegramente rodado en Zapala, en el corazón de la provincia. No es un dato menor. La elección del territorio no funciona solo como escenario, sino como parte de la narrativa. Hay una decisión estética y política en contar desde acá, con paisajes, acentos y rostros propios.
La historia se sitúa en 1994. Ito, un joven que vive y trabaja en el campo, recibe una bicicleta el día que cumple 18 años. A partir de ahí, descubre una pasión que lo impulsa a competir en una carrera con un objetivo concreto: ganar el premio para comprarle una guitarra a su hermana. Pero en medio de ese deseo aparece una tensión que atraviesa toda la trama: la citación al Servicio Militar Obligatorio el mismo día de la competencia. Junto a su amigo Ceferino, deberá encontrar una forma de no resignar ninguno de los dos caminos.
La premisa es simple, pero el trasfondo no. La referencia temporal —Argentina en los años noventa— y el eje del servicio militar dialogan con una herida histórica que todavía interpela. Sin necesidad de subrayarlo, el relato se inscribe en una memoria colectiva que excede a los personajes y conecta con debates sobre derechos, Estado y juventud.
En ese sentido, el reconocimiento institucional que recibió el proyecto —declarado de interés cultural por organismos nacionales y provinciales— no hace más que confirmar que se trata de una obra que busca instalar preguntas, más que ofrecer respuestas cerradas.
Pero “6 de abril” no se agota en su dimensión temática. También es parte de una escena audiovisual que crece desde el interior del país. La productora Frater Audiovisual, con base en la región, y el equipo técnico y artístico que acompaña el proyecto, forman parte de una red que sostiene la producción cultural fuera de los grandes centros tradicionales.
En un contexto donde la cultura muchas veces queda relegada frente a urgencias económicas, este tipo de iniciativas recupera una idea que suele perderse en el debate público: el cine no es solo entretenimiento. Es trabajo, es identidad, es construcción de sentido.
La propia directora lo plantea en términos claros: la necesidad de contar historias propias, de verse representados en pantalla, de construir una soberanía audiovisual que permita reconocerse como comunidad. No como un gesto simbólico, sino como una práctica concreta.
La jornada del 6 de abril incluirá también funciones especiales para estudiantes secundarios, en articulación con instituciones educativas, ampliando el alcance de la propuesta hacia nuevas generaciones. Ahí aparece otra dimensión del proyecto: la pedagógica. La posibilidad de que el cine no solo emocione, sino que también genere reflexión.