Auquinco avanza hacia un sistema de agua potable que beneficiará por primera vez a unas 40 familias. La obra busca resolver una deuda histórica con un paraje del norte neuquino donde el acceso al agua segura nunca estuvo garantizado.
En Auquinco, el agua siempre fue mucho más que un servicio. Durante años llegó de manera precaria, sin tratamiento y a través de una infraestructura improvisada que apenas alcanzaba para abastecer a parte de la población. En un rincón del norte neuquino, un derecho básico seguía dependiendo de soluciones transitorias.
Ese escenario comenzó a cambiar con una obra que ya registra un avance cercano al 20% y que permitirá que unas 40 familias accedan por primera vez a un sistema formal de agua potable por red domiciliaria. El proyecto contempla una nueva captación, un acueducto, tanque de reserva, sala de cloración, redes de distribución y conexiones a cada vivienda.
La iniciativa es financiada por la Provincia mediante un crédito de la CAF y ejecutada por la UPEFE, con supervisión técnica del EPAS. Además, los trabajos fueron diseñados para minimizar el impacto ambiental, por lo que gran parte de las excavaciones se realizan de manera manual.
Más allá de la infraestructura, la obra representa una mejora directa en la calidad de vida de una comunidad que durante décadas convivió con un acceso limitado al agua segura. También fortalece las condiciones para la salud y el arraigo en una zona donde las distancias suelen ampliar las desigualdades.
En un contexto nacional marcado por el freno a buena parte de la obra pública impulsado por el gobierno de Javier Milei, este tipo de inversiones provinciales adquiere un valor especial. Garantizar agua potable en pequeñas localidades no suele ocupar los grandes titulares, pero es una de las políticas que más transforman la vida cotidiana.
Cuando el agua deja de depender de la improvisación y pasa a ser un derecho garantizado, también cambia el horizonte de toda una comunidad.