Día del Niño: las familias ajustan el regalo y el consumo vuelve a mostrar su techo

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Las ventas por el Día del Niño cayeron 2,5% interanual en términos reales, según CAME. Aunque los comercios recurrieron a promociones y financiación, la demanda siguió concentrada en productos más baratos y casi la mitad de los negocios quedó por debajo de sus expectativas.

El Día del Niño suele ser una de esas fechas en las que el comercio espera un pequeño respiro. Familias que durante el año postergan compras encuentran una excusa para gastar; los negocios preparan promociones y las jugueterías llenan sus vidrieras de colores.

Este año, sin embargo, el alivio fue bastante más modesto.

Las ventas cayeron 2,5% interanual a precios constantes, de acuerdo con el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). El resultado confirma que el consumo continúa sin encontrar una recuperación firme y que los hogares siguen tomando decisiones de compra con bastante cuidado.

La postal se repite: antes de comprar, se compara.

Y después se vuelve a comparar.

Los comercios intentaron estimular la demanda con descuentos, cuotas y distintas promociones. El 81,2% de los establecimientos relevados implementó alguna estrategia comercial para la fecha. La financiación con tarjeta fue utilizada por el 55,3% y los descuentos en efectivo por el 46,2%.

Pero las promociones no alcanzaron para transformar una fecha tradicionalmente fuerte en un verdadero motor del consumo.

El gasto promedio por operación fue de $45.892. A primera vista, la cifra supone un salto considerable frente a los $33.736 del año anterior. Pero una vez descontado el efecto de la inflación, el incremento real fue apenas del 0,8%.

Es decir: se gastaron más pesos, pero eso no significa que se hayan comprado muchos más productos.

La diferencia importa.

En una economía donde los precios todavía pesan sobre los ingresos familiares, el consumidor puede mantener determinados gastos simbólicos mientras reduce la cantidad, cambia de producto o busca alternativas más económicas.

El regalo sigue estando.

Lo que cambia es cuánto se puede gastar en él.

El relevamiento de CAME muestra justamente esa conducta. Las familias se concentraron en productos de menor valor, mientras los rubros que requieren desembolsos mayores tuvieron un desempeño más débil.

Las jugueterías registraron una caída del 4,8%, mientras que indumentaria y accesorios retrocedieron 4,1%. También bajaron las ventas de calzado y marroquinería (-3,1%), librería (-1,8%) y equipos de audio, video, celulares y accesorios (-1%).

La juguetería, que debería ser una de las grandes protagonistas de la fecha, terminó siendo precisamente uno de los sectores más afectados.

Y hay otro dato que quizás resulte todavía más revelador: el 41,7% de los comercios afirmó que las ventas fueron peores de lo esperado. Apenas el 14,7% consiguió resultados superiores a sus proyecciones.

Eso permite mirar el problema desde el otro lado del mostrador.

Para un comerciante, una fecha especial no se mide solamente por cuántas personas entran al local. También importa cuánto compran, qué productos eligen y cuánto margen queda después de promociones, costos e impuestos.

Un aumento de movimiento no necesariamente significa una recuperación del negocio.

De hecho, el 36% de los comercios sostuvo que la fecha generó movimiento, pero sin modificar demasiado el panorama general. Otro 35,5% describió el impacto como moderado y casi uno de cada cinco directamente dijo que el Día del Niño no tuvo incidencia sobre sus ventas.

La escena ayuda a entender una de las principales dificultades de la economía argentina durante 2026.

La estabilización de algunas variables macroeconómicas todavía no consiguió convertirse en una recuperación amplia del consumo cotidiano.

Para que eso ocurra hace falta algo bastante más difícil que bajar una tasa de inflación: que los ingresos de las familias recuperen capacidad de compra y que exista suficiente confianza para gastar.

Porque el consumo no depende únicamente de cuánto cuestan las cosas.

También depende de cuánto queda en el bolsillo después de pagar alquiler, alimentos, transporte, servicios y otras necesidades.

Cuando esa cuenta se vuelve demasiado ajustada, los gastos que no son imprescindibles pasan a competir entre sí.

Y el regalo para un chico también entra en esa ecuación.

La economía puede mostrar indicadores positivos en determinados sectores mientras una parte importante de los hogares continúa administrando cada compra como si fuera una pequeña negociación.

Ese contraste es uno de los grandes desafíos del modelo económico de Javier Milei.

La reducción de la inflación puede devolver previsibilidad, pero la estabilidad por sí sola no garantiza una recuperación del mercado interno. Para que los comercios vuelvan a vender más de manera sostenida, hace falta que la mejora llegue al ingreso disponible de las familias.

El Día del Niño dejó una señal bastante clara.

Los argentinos siguieron comprando.

Pero compraron con cuidado.

Buscaron descuentos, recurrieron a cuotas y eligieron productos de menor precio. El comercio consiguió evitar una caída todavía mayor, pero no logró transformar la fecha en el repunte que esperaba.

Y quizá esa sea la imagen más precisa del consumo actual: no está completamente detenido, pero tampoco consigue despegar.

Las familias siguen entrando a las tiendas.

La pregunta es cuánto pueden llevarse cuando salen.