Un estudio científico descubrió que los patrones de las alas, combinados con el movimiento del vuelo, pueden generar ilusiones ópticas que confunden a las aves sobre la velocidad y la dirección de las mariposas. La estrategia hace que los ataques fallen incluso cuando el insecto está completamente a la vista.
Las mariposas parecen tener todas las de perder. Sus colores intensos las hacen fáciles de detectar y, a diferencia de otros animales que recurren al camuflaje para desaparecer frente a sus depredadores, muchas especies parecen hacer exactamente lo contrario: exhibirse. Sin embargo, detrás de esas alas llenas de rayas, manchas y contrastes podría esconderse una sofisticada estrategia de supervivencia.
Un estudio realizado por investigadores de las universidades británicas de Exeter y Essex, publicado en la revista Nature, descubrió que determinados patrones de las alas pueden crear ilusiones ópticas cuando las mariposas vuelan. El efecto altera la percepción que tienen las aves de la velocidad y la dirección del insecto, dificultando que puedan calcular con precisión dónde estará apenas unos instantes después.
La investigación ayuda a explicar un viejo misterio de la naturaleza: aunque las mariposas son relativamente fáciles de detectar durante el vuelo, son pocos los depredadores que se especializan en cazarlas de esa manera. Las aves que se alimentan de insectos suelen tener dificultades para atraparlas en movimiento.
Para estudiar el fenómeno, los científicos filmaron mariposas reales con cámaras capaces de registrar más de 1.000 imágenes por segundo. Esa velocidad permitió observar con precisión lo que sucede con las alas durante cada movimiento del vuelo y analizar cómo podría interpretar esas imágenes el sistema visual de un ave.
El resultado fue sorprendente. En algunos casos, una mariposa que físicamente se desplazaba hacia arriba parecía estar moviéndose en dirección contraria cuando su movimiento era procesado mediante modelos que imitaban la visión de las aves.
El mecanismo tiene similitudes con la conocida ilusión del poste de una barbería. Las líneas de ese tipo de poste parecen desplazarse verticalmente aunque la estructura solamente esté girando. En las mariposas ocurre algo parecido: cuando baten las alas, estas se deforman, se acercan y se separan. Al mismo tiempo, las franjas cambian de ángulo y generan señales visuales que pueden llevar al depredador a interpretar de manera equivocada el movimiento real.
La confusión resulta especialmente importante durante el ataque final. Un ave puede detectar perfectamente a la mariposa, pero necesita calcular rápidamente hacia dónde se dirige para interceptarla. Si interpreta mal su velocidad o trayectoria, el ataque puede terminar unos centímetros detrás o al costado del objetivo.
Los investigadores también analizaron mediante simulaciones por computadora 757 formas de alas correspondientes a 397 especies de mariposas europeas. El análisis permitió identificar algunos patrones especialmente eficaces para producir esta confusión visual. Entre ellos aparecen las rayas verticales de alto contraste, determinadas bandas y las colas presentes en las alas posteriores de algunas especies.
El estudio incluso incorporó un experimento con personas. Un centenar de voluntarios intentó atrapar mariposas virtuales en una pantalla táctil de alta frecuencia. Los diseños que generaban mayores ilusiones provocaron que los participantes calcularan mal la posición del insecto y dirigieran el movimiento hacia un punto posterior.
La estrategia recibe el nombre de “camuflaje de movimiento”, aunque funciona de una manera muy diferente al camuflaje tradicional. La mariposa no intenta desaparecer del campo visual. Por el contrario, permanece visible, pero convierte su propio movimiento en una especie de engaño visual.
La investigación también ayuda a entender por qué ciertas características de las alas evolucionaron de formas tan llamativas. Durante mucho tiempo, los colores y dibujos de las mariposas fueron estudiados principalmente por su relación con el reconocimiento entre individuos, el mimetismo, la advertencia de toxicidad o la intimidación de depredadores. Ahora aparece otra posibilidad: algunos de esos patrones también podrían servir para alterar la percepción del movimiento.
Eso no significa que todas las mariposas utilicen exactamente el mismo mecanismo. Algunas especies cuentan con ocelos que pueden parecer ojos y disuadir a los depredadores, mientras que otras poseen pequeñas colas que pueden desviar el ataque hacia una parte del cuerpo menos importante. La evolución parece haber producido una enorme variedad de soluciones para un mismo problema: sobrevivir el tiempo suficiente para reproducirse.
El descubrimiento también abre una pregunta que va más allá de las mariposas. Los investigadores consideran que mecanismos similares podrían existir en otros animales que se desplazan rápidamente y utilizan patrones corporales para modificar la percepción de sus movimientos.
En la naturaleza, sobrevivir no siempre significa esconderse. A veces puede significar hacer que el enemigo vea algo distinto de lo que realmente está ocurriendo. Las mariposas, con sus alas aparentemente frágiles y coloridas, podrían estar utilizando desde hace millones de años una forma de engaño visual mucho más sofisticada de lo que los humanos habían logrado observar.