A menos de dos meses del Mundial 2026, la Selección Argentina convive con un problema que no se entrena ni se planifica del todo: los cuerpos. Entre lesiones, recaídas y falta de ritmo, el equipo campeón llega con más dudas físicas que certezas.
Hay preocupaciones que no se ven en la cancha.
Se sienten antes.
En los partes médicos.
En los entrenamientos incompletos.
En los minutos que no se juegan.
La Selección Argentina atraviesa ese momento incómodo justo cuando debería estar afinando detalles. A poco más de 60 días del Mundial, la lista de jugadores con problemas físicos crece y obliga a mirar el calendario con otra tensión.
El caso que más inquieta es el de Cristian “Cuti” Romero. El defensor sufrió una lesión en el ligamento lateral de la rodilla derecha y estará entre seis y ocho semanas fuera de las canchas. Llega con lo justo. Sin ritmo. Con esa sensación de incertidumbre que ningún cuerpo técnico quiere tener tan cerca de una Copa del Mundo.
No es el único.
Lautaro Martínez también arrastra complicaciones. El delantero del Inter volvió de una lesión en el sóleo, pero sufrió una recaída en la misma zona. Eso lo deja en una situación incómoda. No está descartado, pero tampoco llega pleno. Y en ese nivel, la diferencia entre estar y no estar se mide en detalles mínimos.
En la defensa, Lisandro Martínez aparece como un caso intermedio. Está en la etapa final de recuperación de una lesión muscular y ya entrena con normalidad, pero viene de un historial reciente de problemas físicos que le quitaron continuidad.
En el arco, la situación es menos grave pero igual genera ruido. Emiliano “Dibu” Martínez sintió una molestia en el calentamiento previo a un partido en Inglaterra y quedó afuera por precaución. No sería una lesión de gravedad, pero en este contexto, cada señal suma preocupación.
En el mediocampo, Rodrigo De Paul juega entre signos de interrogación. Arrastra una contusión muscular y, aunque volvió a competir, su nivel físico todavía está lejos del que mostró en Qatar.
A esa lista se suman otros nombres que, con más o menos protagonismo, también tuvieron problemas recientes. Exequiel Palacios, Nicolás González, Facundo Medina, entre otros. No todos están en riesgo directo, pero ninguno llega en condiciones ideales.
Y hay un dato más duro.
Algunos directamente quedaron afuera.
Casos como los de Joaquín Panichelli o Juan Foyth, con lesiones graves, ya no forman parte del escenario posible para el Mundial.
El panorama no es catastrófico.
Pero tampoco es el ideal.
Y en el fútbol de alto nivel, ese matiz importa.
Los especialistas suelen repetir que las lesiones en esta etapa responden a múltiples factores. Calendarios cargados, exigencias físicas extremas, falta de descanso. El cuerpo, en algún momento, pasa factura.
El desafío para el cuerpo técnico de Lionel Scaloni no es solo esperar recuperaciones.
Es gestionar tiempos.
Evitar recaídas.
Llegar con lo mejor disponible, aunque no sea perfecto.
Porque si algo enseñó el Mundial anterior es que los títulos no siempre los ganan los equipos que llegan mejor.
Pero rara vez lo hacen los que llegan rotos.
La Selección todavía tiene margen.
Pero ya no tiene tranquilidad.
Y en ese equilibrio frágil entre recuperación y urgencia, empieza a jugarse algo más que la lista.
Empieza a jugarse el estado real de un campeón que quiere volver a serlo.