La desigualdad vuelve a crecer: la mayor parte del ingreso queda cada vez más arriba

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Los datos del INDEC para el segundo trimestre de 2026 muestran un nuevo retroceso en la distribución del ingreso: el 10% de mayores ingresos concentró el 32,3% de la renta, mientras que el 40% de menores ingresos recibió apenas el 15,2%. La brecha también se refleja en los salarios y en el acceso al empleo formal.

La economía puede crecer, estabilizar algunos indicadores y mostrar mejores números en determinados frentes. Pero hay una pregunta que aparece cuando se mira la vida cotidiana: ¿quién se queda con lo que se genera? Los últimos datos de distribución del ingreso publicados por el INDEC muestran que, durante el segundo trimestre de 2026, la respuesta volvió a inclinarse hacia los sectores de mayores recursos.

Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el 10% de la población con mayores ingresos concentró el 32,3% del ingreso total. En el otro extremo, el 40% de menores ingresos —los cuatro primeros deciles— reunió apenas el 15,2%. La distancia no es solamente estadística: muestra cómo se distribuye la capacidad económica entre distintos sectores de la sociedad.

El coeficiente de Gini, utilizado para medir la desigualdad, pasó de 0,424 en el segundo trimestre de 2025 a 0,428 en el mismo período de 2026. Cuanto más se acerca a cero, mayor es la igualdad en la distribución; cuanto más se aproxima a uno, mayor es la concentración. El dato confirma un deterioro respecto del año anterior, aunque también muestra una mejora frente al primer trimestre de 2026, cuando el indicador había llegado a 0,442.

La fotografía se vuelve todavía más clara cuando se observan los extremos. El primer decil recibió el 1,8% del ingreso total, mientras que el décimo concentró el 32,3%. En otras palabras, por cada peso que llegó al 10% de menores ingresos, alrededor de 18 pesos fueron al 10% de mayores ingresos.

La diferencia también aparece cuando se mira cuánto dinero recibe cada persona. La mediana del ingreso per cápita familiar fue de $134.000 en el primer decil y de $1.800.000 en el décimo. Si se toma el promedio, la distancia se amplía todavía más: $124.142 frente a $2.221.170. La relación llega así a unas 18 veces entre los extremos.

En el medio queda una enorme franja de hogares que tampoco puede leerse como un bloque homogéneo. Los cuatro deciles inferiores registraron un ingreso promedio de $382.621, mientras que los deciles quinto al octavo alcanzaron $1.033.047. En los dos deciles superiores, el promedio llegó a $2.641.394.

El mercado laboral reproduce buena parte de esa desigualdad. Entre las personas ocupadas que declararon ingresos, el promedio fue de $1.129.527, pero la mediana se ubicó en $900.000. Eso significa que la mitad de los trabajadores relevados obtuvo ingresos iguales o inferiores a ese monto. En los primeros cuatro deciles, el ingreso laboral promedio fue de $415.012, mientras que entre los dos deciles superiores llegó a $2.629.678.

La formalidad también marca una diferencia importante. Entre los asalariados relevados por el INDEC, quienes tenían descuento jubilatorio registraron un ingreso promedio de $1.433.794, mientras que quienes no contaban con ese descuento alcanzaron $706.204. La distancia entre ambos grupos supera el doble.

Pero detrás de cada porcentaje hay una estructura social distinta. En los hogares de menores ingresos existe una mayor cantidad de personas que dependen económicamente de quienes trabajan o perciben algún ingreso. En el primer decil hubo 307 personas no ocupadas por cada 100 ocupadas. En el décimo, la relación fue de apenas 38 por cada 100.

También cambia el origen de los ingresos. Para el conjunto de los hogares, los ingresos laborales representaron el 78,1% del total y los no laborales el 21,9%. Sin embargo, en el primer decil los ingresos provenientes del trabajo explicaron apenas el 32,7%, mientras que los no laborales representaron el 67,3%. En el décimo decil ocurrió prácticamente lo contrario: el trabajo explicó el 86,6% de los ingresos.

La comparación con el segundo trimestre de 2025 deja uno de los datos más fuertes del informe. En aquel momento, el primer decil concentraba el 3,1% del ingreso y el décimo, el 23,9%. Un año después, las participaciones pasaron a 1,8% y 32,3%, respectivamente.

La discusión sobre la economía, entonces, no termina en la inflación, el dólar o las cuentas fiscales. También se juega en una pregunta menos visible pero decisiva: cómo se reparte aquello que la economía produce.

Los números del segundo trimestre muestran que la recuperación de determinados indicadores no necesariamente se traduce en una mejora pareja para todos los hogares. Mientras una parte de la sociedad concentra una porción cada vez mayor de los ingresos, los sectores de menores recursos enfrentan una combinación más difícil: menores ingresos, mayor dependencia económica y una mayor exposición a la informalidad.

La torta, en definitiva, puede cambiar de tamaño. Pero el dato que queda sobre la mesa es otro: quién consigue cortar la porción más grande y quién debe conformarse con las migas.