La economía enfría sus expectativas: ahora proyectan menos de la mitad del crecimiento previsto por el Gobierno

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Las principales consultoras privadas volvieron a recortar sus estimaciones para 2026 y ubican el crecimiento por debajo del 2%. La actividad de julio y la débil recuperación posterior alejaron todavía más las proyecciones del Presupuesto y de las expectativas oficiales.

La economía argentina empieza a mirar el cierre de 2026 con una expectativa bastante más modesta de la que había planteado el Gobierno. Después del fuerte retroceso de la actividad registrado en julio y de una recuperación que, por ahora, aparece insuficiente, distintas consultoras privadas volvieron a recortar sus pronósticos de crecimiento y colocaron al Producto Bruto Interno (PBI) por debajo del 2%.

El dato marca una distancia cada vez mayor con las previsiones oficiales. El Gobierno había reducido durante el año su estimación de crecimiento para 2026 al 3%, mientras que algunas consultoras que ya eran cautelosas fueron nuevamente hacia abajo. En uno de los casos, la proyección pasó a ubicarse en apenas 1,3%.

La diferencia no es solamente una cuestión de estadísticas. Detrás de los porcentajes aparece una economía que todavía no logra sostener una recuperación pareja y que muestra señales contradictorias entre algunos sectores que resisten y otros que pierden actividad.

Lorenzo Sigaut Gravina, director de Análisis Macroeconómico de Equilibra, explicó que su consultora había partido de una mirada más prudente que la del Gobierno y había calculado inicialmente un crecimiento de 1,5% para 2026. Sin embargo, después de los últimos datos de actividad redujo nuevamente la estimación hasta el 1,3%. Para 2027, también recortó su pronóstico hasta el 1,8%.

En Analytica y Facimex también se produjeron ajustes. La primera ya estimaba un crecimiento cercano al 1,5% y revisó sus números después de conocer los indicadores más recientes. Facimex, por su parte, redujo en medio punto su previsión para 2026, desde el 2% hasta el 1,5%.

El punto de inflexión fue el dato de actividad de julio. El Estimador Mensual de Actividad Económica mostró una caída cercana al 3% mensual, un retroceso suficientemente fuerte como para obligar a revisar las expectativas que habían comenzado el año con mayor optimismo.

Agosto, en tanto, habría mostrado una recuperación, pero todavía demasiado pequeña para compensar completamente el golpe anterior. El problema es que el calendario no ofrece demasiado margen: para evitar un nuevo descenso de la actividad durante el tercer trimestre, los números deberían mostrar una aceleración muy importante durante septiembre.

El último Relevamiento de Expectativas de Mercado elaborado por el Banco Central ya había reflejado una moderación de las perspectivas. Los analistas consultados proyectaron para 2026 un crecimiento promedio del 2,1%, seis décimas menos que en la encuesta anterior. El grupo de los diez mejores pronosticadores esperaba un crecimiento del 2,2%.

Pero esas estimaciones fueron elaboradas antes de conocerse el derrumbe de julio. Por eso, el próximo relevamiento podría mostrar una nueva corrección hacia abajo.

La distancia con las metas oficiales también alcanza a 2027. El proyecto de Presupuesto presentado por el Gobierno contempla un crecimiento del 4% para el próximo año, mientras que las consultoras que ya revisaron sus números se mueven en torno a cifras inferiores al 2%.

El Fondo Monetario Internacional mantiene, por ahora, una mirada más optimista: proyecta una expansión de 3,5% para Argentina durante 2026 y de 4% para 2027. La diferencia entre esa expectativa y la de los analistas privados vuelve a poner sobre la mesa una pregunta central: cuánto de la recuperación anunciada puede sostenerse cuando la actividad real no acompaña al ritmo esperado.

El Gobierno construyó buena parte de su relato económico alrededor de la estabilización, el equilibrio fiscal y la posibilidad de una recuperación impulsada por la inversión y el sector privado. Pero una economía no se mueve solamente con balances fiscales. También necesita producción, consumo, empleo e inversión capaces de sostenerse en el tiempo.

Por ahora, los indicadores muestran una recuperación más frágil de lo que habían imaginado las primeras proyecciones. Y cuando las estimaciones empiezan a bajar una detrás de otra, el problema deja de ser solamente cuánto crecerá el PBI. También pasa a ser cuánto tardará la economía en encontrar un ritmo que pueda sentirse más allá de las planillas de los economistas.

La discusión sobre 2026, entonces, ya no gira únicamente alrededor de si Argentina crecerá. La pregunta empieza a ser cuánto crecerá y, sobre todo, qué sectores podrán hacerlo en una economía que todavía busca transformar la estabilización financiera en una recuperación concreta.