La motosierra ahora apunta al corazón técnico del Estado

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Trabajadores del INTI denunciaron que el Gobierno nacional prepara una nueva ola de despidos que podría alcanzar a 700 empleados. La decisión profundiza el conflicto dentro de uno de los organismos más sensibles para el desarrollo industrial argentino.

La lógica del ajuste volvió a tocar una puerta conocida.

Esta vez fue la del INTI.

El Instituto Nacional de Tecnología Industrial quedó nuevamente en el centro de la política de recortes del gobierno de Javier Milei, luego de que trabajadores del organismo denunciaran un plan oficial para avanzar con centenares de despidos en las próximas semanas.

La cifra que circula dentro del propio instituto habla de al menos 700 puestos en riesgo.

Pero dentro del organismo algunos creen que el recorte podría ser todavía mayor.

La noticia generó una fuerte reacción entre trabajadores, técnicos y delegados gremiales, que ya comenzaron a organizar medidas de protesta frente a una posible reducción de estructura que pondría en crisis áreas estratégicas del organismo.

No se trata solamente de empleos.

Lo que está en discusión es otra cosa.

El papel del Estado en la producción.

El INTI no es una oficina administrativa más.

Es uno de los organismos que durante décadas acompañó a pequeñas y medianas empresas, certificó procesos industriales, controló calidad de productos y sostuvo parte del entramado tecnológico nacional.

En muchos casos, su trabajo ocurre lejos de la visibilidad pública.

Pero impacta de manera directa en la vida cotidiana.

Desde alimentos hasta materiales industriales.

Desde seguridad técnica hasta innovación productiva.

Por eso, dentro del instituto la preocupación va más allá del ajuste salarial.

Muchos trabajadores advierten que detrás del recorte también aparece un cambio de modelo.

Menos presencia estatal.

Más espacio para privados.

Y una idea de país donde la capacidad técnica pública empieza a ser vista como un gasto y no como una inversión.

La tensión incluso alcanzó a la conducción del organismo.

Algunas versiones indican que el propio presidente del INTI habría manifestado diferencias con el alcance de los despidos impulsados desde el Ministerio de Desregulación.

Eso dejó al descubierto que el conflicto ya no es solamente sindical.

También empieza a abrir fisuras dentro de la propia estructura oficial.

En un país donde la discusión económica suele medirse en planillas, el caso del INTI vuelve a recordar algo más profundo.

A veces el ajuste no solo recorta presupuesto.

También recorta conocimiento.

Y reconstruir eso suele ser mucho más difícil que desmantelarlo.