Ahumados Quico lleva más de 50 años de historia en la elaboración artesanal de ahumados y escabeches. Su trucha, producida con materia prima de la región, recibió el reconocimiento del reconocido chef francés y se convirtió en una muestra del valor de la gastronomía neuquina.
En Junín de los Andes, la gastronomía también se escribe con paciencia. Hay recetas que cambian con las modas y otras que sobreviven justamente porque mantienen intacta una forma de hacer las cosas. En ese segundo grupo aparece la historia de Quico, un productor que lleva más de cinco décadas dedicado a la elaboración artesanal de ahumados y escabeches.
Su emprendimiento, Ahumados Quico, nació y creció alrededor de una idea sencilla: trabajar con técnicas tradicionales y respetar los sabores propios de la región. El paso del tiempo no modificó demasiado esa filosofía. Al contrario, la experiencia acumulada se convirtió en uno de los principales ingredientes de una producción que mantiene un marcado carácter artesanal.
Entre los productos que identifican a la propuesta aparece la trucha, proveniente de la piscicultura de la zona. En manos de Quico, el pescado adquiere una elaboración particular que terminó llegando a mesas vinculadas con la alta gastronomía y despertó el reconocimiento de uno de sus referentes.
El chef francés Christophe Krywonis fue uno de quienes probaron la producción. Su valoración de la trucha tuvo un significado especial para el productor, que encontró en ese reconocimiento una confirmación de que un producto elaborado en Junín de los Andes podía destacarse también ante alguien acostumbrado a recorrer diferentes cocinas y tradiciones gastronómicas.
Para Quico, aquel comentario quedó guardado como uno de esos momentos que compensan décadas de trabajo. La valoración no llegó desde una campaña de marketing ni desde una gran estructura gastronómica, sino desde el resultado de un oficio construido durante años, en una localidad donde los productos regionales forman parte de la identidad cotidiana.
La historia del productor también está vinculada con otros espacios de la vida de Junín de los Andes. Trabajó junto a la familia del tradicional restaurante Ruca Hueney y también tuvo una trayectoria en Salud Pública. Sin embargo, su relación con la cocina continuó a través de celebraciones, aniversarios, feriados y acontecimientos de la Rural, donde siguió aportando su experiencia.
Ese recorrido ayuda a entender por qué detrás de un producto artesanal hay algo que difícilmente pueda medirse solamente por su precio. Hay tiempo, conocimiento y una memoria gastronómica que se construye mientras una generación aprende de otra. En el caso de Quico, esa continuidad es parte central de la identidad de su producción.
La trucha comparte protagonismo con otros productos de la región, como el ciervo, y forma parte de una gastronomía que encuentra en los recursos locales una manera de contar el territorio. En Junín de los Andes, donde el turismo y la naturaleza ocupan un lugar importante, los sabores también funcionan como una forma de presentar la localidad ante quienes llegan desde otros puntos.
La historia de Ahumados Quico muestra, además, cómo pequeños emprendimientos pueden convertirse en parte de la identidad turística de una región. No se trata solamente de ofrecer un alimento, sino de transmitir una manera de trabajar y una relación particular con los productos que forman parte del paisaje neuquino.
Después de más de 50 años, Quico mantiene aquella premisa inicial: continuar haciendo las cosas de la manera en que aprendió. En tiempos donde la gastronomía busca constantemente nuevas tendencias, su historia recuerda que también existe valor en permanecer fiel a una técnica, cuidar un producto y dejar que el tiempo haga su trabajo.
Y así, desde Junín de los Andes, una trucha ahumada terminó cruzando una frontera que no aparece en ningún mapa: la que separa un producto local de uno capaz de llamar la atención de quienes conocen cocinas de todo el mundo.