Mar del Plata late al ritmo de la Feria Invierno: libros, trazos y resistencia cultural

En este momento estás viendo Mar del Plata late al ritmo de la Feria Invierno: libros, trazos y resistencia cultural
  • Categoría de la entrada:Artes / Cultura
  • Tiempo de lectura:2 minutos de lectura

El festival independiente que reúne a editoriales, ilustradores y lectores en pleno invierno, se consolida como refugio gráfico frente al apagón cultural nacional.

En una Argentina donde el presupuesto para cultura parece cada vez más una entelequia y las políticas públicas retroceden a golpe de motosierra, hay quienes se niegan a resignarse al silencio. Mar del Plata, ciudad de mar y memorias, vuelve a encender sus faroles creativos con una nueva edición de la Feria Invierno, el encuentro que celebra la cultura gráfica, la ilustración y la edición independiente como un acto de resistencia y creación colectiva.

Durante este fin de semana, los salones del Torreón del Monje —ícono costero devenido en refugio artístico— se llenarán de editoriales artesanales, fanzines, libros ilustrados, charlas abiertas y talleres para todas las edades. Pero más allá de la estética y la oferta, lo que vibra en cada mesa es una idea potente: crear también es una forma de pelear.

Organizada por el colectivo Casa Fanzine y con el apoyo de sellos como Barba de Abejas, Musaraña y Hotel de las Ideas, la feria pone el foco en el cruce entre palabra e imagen, celebrando lo gráfico como territorio político, afectivo y profundamente argentino. Desde historietas con mirada crítica hasta libros-objeto que dialogan con el diseño, el evento reúne voces de todo el país, con fuerte presencia de artistas del sur bonaerense, pero también de Córdoba, Rosario, Neuquén y hasta Chile.

“No hay invierno que enfríe una historia bien contada”, bromea uno de los organizadores. Y no es solo una frase: en este contexto de recortes al INCAA, al Fondo Nacional de las Artes y a bibliotecas populares, mantener viva la edición independiente es, literalmente, remar en dulce de leche. Pero lo hacen. Con recursos autogestivos, sin sponsors millonarios ni marquesinas de televisión, y con un público que responde. Familias, adolescentes, jubiladas, diseñadores, artistas emergentes: la diversidad de asistentes también dice algo de lo que se está gestando.

En tiempos donde el algoritmo impone velocidad y olvido, la Feria Invierno reivindica la pausa, el papel y el encuentro físico como formas de construir comunidad. No se trata solo de vender libros: se trata de abrir mundos. Y en cada uno de esos mundos, dibujados o escritos, late la certeza de que la cultura no se entrega.