Neuquén apuesta al vino como identidad y no solo como negocio

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Productores y emprendedores neuquinos volvieron a mostrar sus proyectos en el Mercado de Vinos, un evento que ya funciona como vidriera cultural y turística de la Patagonia. Entre gin, bodegas y gastronomía local, la provincia busca construir una marca propia más allá de Vaca Muerta.

Neuquén quiere contar otra historia sobre sí misma.

Una que no empiece ni termine en el petróleo.

Y el vino aparece cada vez más como parte de esa búsqueda.

Durante una nueva edición del Mercado de Vinos realizado en la capital neuquina, productores regionales presentaron propuestas que mezclan bebidas artesanales, turismo, paisaje e identidad local. Entre ellos se destacó el proyecto encabezado por Jorge Dell’Oro, que desarrolló una línea de gin con impronta patagónica y referencias directas al territorio neuquino.

La propuesta incluye variedades cítricas, especiadas y florales, pero el foco no está solamente en el producto.

También en la narrativa.

Las botellas incorporan imágenes de la provincia, paisajes patagónicos y elementos simbólicos como la araucaria, buscando transformar cada bebida en una experiencia ligada al territorio.

La escena refleja algo que viene creciendo hace años en Neuquén: la construcción de una identidad enogastronómica propia.

El vino patagónico dejó de aparecer únicamente como una curiosidad regional para convertirse en parte importante de la estrategia turística y cultural de la provincia.

El gobierno provincial también empezó a involucrarse más activamente en ese proceso.

La Vendimia Neuquina 2026 marcó un punto de inflexión con mayor presencia estatal, promoción turística y articulación entre bodegas, gastronomía y emprendimientos locales.

En paralelo, eventos como la Fiesta Nacional del Chef Patagónico o el propio Mercado de Vinos funcionan como espacios donde la producción regional intenta ganar visibilidad frente a un modelo económico que suele reducir a Neuquén únicamente a Vaca Muerta y los hidrocarburos.

Ahí aparece una discusión bastante más profunda.

Porque detrás del crecimiento del vino neuquino también hay una pelea simbólica por cómo se imagina el desarrollo de la provincia.

No solamente extracción.

No solamente energía.

También turismo, cultura, gastronomía y economías regionales capaces de construir valor alrededor de la identidad patagónica.

La apuesta todavía es pequeña frente al peso gigantesco de la industria petrolera.

Pero empieza a consolidar algo importante: una idea de Neuquén vinculada al paisaje, los sabores y la producción local.

Y en tiempos donde casi todo parece pensado para exportar rápido y olvidar el territorio, eso ya funciona como una forma de resistencia cultural.