Neuquén proyecta una inversión de más de 287.000 millones de pesos para ampliar el agua potable y el saneamiento

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El Gobierno provincial presentó un plan de infraestructura para Neuquén capital que reúne obras ejecutadas, trabajos en marcha y nuevos proyectos para responder al crecimiento urbano. La iniciativa contempla ampliar plantas de tratamiento, renovar colectores cloacales y fortalecer el abastecimiento de agua, con la mirada puesta en las necesidades de la ciudad hacia 2040.

El crecimiento de Neuquén capital plantea un desafío que va mucho más allá de los edificios nuevos y la expansión de los barrios. Para que una ciudad pueda desarrollarse de manera sostenida, necesita una infraestructura capaz de acompañar el aumento de la población, garantizar el acceso al agua potable y tratar adecuadamente los líquidos cloacales. Con ese objetivo, la Provincia presentó un plan integral que supera los 287.000 millones de pesos en inversiones destinadas al sistema de agua y saneamiento.

El anuncio fue encabezado el lunes 26 de octubre por el gobernador Rolando Figueroa, junto con el intendente Mariano Gaido y autoridades del área ambiental y del Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS). El programa combina obras ya ejecutadas, intervenciones en marcha, equipamiento y proyectos futuros, dentro de una planificación que busca anticipar las necesidades de la capital neuquina durante los próximos años.

La propuesta parte de una realidad concreta: el crecimiento urbano incrementa la demanda sobre redes que no siempre se amplían al mismo ritmo. La llegada de nuevas familias, la construcción de edificios y el desarrollo de nuevos sectores residenciales requieren más capacidad para distribuir agua y transportar y tratar los efluentes. Cuando esa infraestructura queda rezagada, las consecuencias se reflejan en la calidad de los servicios y en las condiciones ambientales de la ciudad.

Entre las principales intervenciones previstas figuran la ampliación de las plantas de tratamiento de efluentes cloacales Tronador y Bardas Norte, la refuncionalización de la Planta Integral Neuquén mediante la incorporación de tecnología SBR y la renovación de siete colectores cloacales. También se incluye el acueducto Nexo IV y otras mejoras vinculadas con la potabilización y la distribución del agua.

El paquete de obras apunta a mejorar los servicios para unas 8.000 familias distribuidas en 31 sectores de la ciudad. Además, contempla fortalecer el abastecimiento de agua potable para Neuquén capital, Plottier, Centenario y Vista Alegre, con el objetivo de avanzar hacia una mayor capacidad de provisión regional.

La distribución de los recursos muestra la dimensión del desafío. Según el detalle presentado por el área provincial, más de 100.000 millones de pesos se destinarán a plantas de tratamiento de líquidos cloacales, alrededor de 38.000 millones a la refuncionalización y construcción de colectores y unos 120.000 millones al sistema de agua. El resto corresponde a otros componentes del programa, equipamiento y proyectos incluidos en la planificación.

Figueroa estimó que la inversión equivale a cerca de 200 millones de dólares y sostuvo que la planificación debe mirar más allá de las necesidades inmediatas. La idea, explicó, es preparar hoy la infraestructura que la ciudad necesitará en 2040, en lugar de esperar a que los problemas de capacidad se vuelvan más difíciles de resolver.

La mirada de largo plazo resulta especialmente relevante para una capital que concentra buena parte de la actividad económica y demográfica de la provincia. La expansión de Neuquén está vinculada con el crecimiento de los servicios, el comercio, la construcción y la actividad energética, pero ese dinamismo también exige inversiones sostenidas en infraestructura básica.

El agua potable y el saneamiento suelen ocupar un lugar menos visible en la discusión pública que las obras viales o los grandes proyectos urbanísticos. Sin embargo, constituyen una condición indispensable para la salud, el desarrollo económico y la protección ambiental. Una red de distribución insuficiente puede limitar la expansión de los barrios, mientras que un sistema cloacal que no logra acompañar la demanda aumenta la presión sobre las instalaciones de tratamiento y los cuerpos de agua.

La ministra de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales, Leticia Esteves, destacó precisamente la relación entre el saneamiento, la salud de la población y el cuidado de los ríos. La gestión del agua, planteó, debe contemplar todo el recorrido del recurso: desde su captación y potabilización hasta su distribución, recolección y tratamiento posterior.

Ese enfoque integral resulta central para una provincia cuya identidad y desarrollo están estrechamente vinculados con sus ríos y sus recursos naturales. Ampliar el acceso al agua no alcanza si no existe, al mismo tiempo, capacidad para tratar los efluentes y reducir el impacto de la actividad urbana sobre el ambiente.

El presidente del EPAS, Emilio Molina, y los equipos técnicos del organismo tendrán un papel importante en la planificación, la ejecución y la operación de las intervenciones. La capacidad de desarrollar proyectos, coordinar las obras y mantener las instalaciones será determinante para que las inversiones se traduzcan en mejoras concretas para los usuarios.

Durante la presentación, Figueroa también cuestionó la contratación externa de tareas que, según sostuvo, el propio organismo provincial podría realizar. El gobernador defendió el fortalecimiento de las capacidades técnicas del EPAS y afirmó que algunas contrataciones directas habían tenido costos significativamente mayores que los obtenidos mediante licitaciones. Esas afirmaciones forman parte de su evaluación sobre la gestión del ente y plantean, a su vez, la importancia de garantizar transparencia, competencia y controles adecuados en el uso de los recursos públicos.

El mandatario vinculó el plan con una discusión más amplia sobre el papel del Estado en el desarrollo. Según su planteo, los recursos disponibles deben reinvertirse en infraestructura y servicios que acompañen el crecimiento de la comunidad. También señaló que los ingresos asociados al uso del agua por parte de las empresas petroleras deben destinarse a una gestión responsable del recurso.

La discusión no se limita a la cantidad de dinero anunciada. Para evaluar el alcance real del programa será necesario observar cómo se distribuyen las obras en el tiempo, cuáles son sus etapas de ejecución, qué mecanismos de contratación se utilizan y cómo se controla el cumplimiento de los presupuestos. La magnitud de la inversión representa un punto de partida, pero su impacto dependerá de la capacidad para completar los proyectos y mantenerlos operativos.

También será importante medir los resultados una vez que las intervenciones comiencen a funcionar. La ampliación de las plantas debe traducirse en una mayor capacidad de tratamiento; los nuevos colectores, en un transporte más eficiente de los efluentes; y las mejoras en el sistema de agua, en un abastecimiento adecuado para los sectores que necesitan el servicio.

La planificación hacia 2040 propone una pregunta central para Neuquén: cómo acompañar el crecimiento sin que la infraestructura básica quede atrás. La respuesta requiere inversiones, equipos técnicos, coordinación entre organismos y una administración capaz de sostener los proyectos más allá de los anuncios.

El agua y el saneamiento son servicios que muchas veces solo se vuelven visibles cuando fallan. Su funcionamiento cotidiano, en cambio, sostiene la vida de los barrios, protege la salud y permite que la expansión urbana se desarrolle en condiciones adecuadas.

Con el nuevo plan, la Provincia busca anticiparse a las demandas de una capital en transformación. El desafío será convertir los más de 287.000 millones de pesos anunciados en obras terminadas, servicios confiables y una infraestructura preparada para las próximas generaciones.