En el Festival del Chef Patagónico, la provincia renovó su Sello de Distinción Gastronómica e incorporó la figura del Embajador del Vino. La medida busca integrar producción, turismo y cocina en una misma narrativa: la de un territorio que empieza a contarse también desde sus sabores.
En medio del movimiento constante de ollas, fuegos y platos, Neuquén eligió aprovechar el escenario más simbólico de su gastronomía para dar un paso estratégico.
Durante la Fiesta Nacional del Chef Patagónico, el gobierno provincial actualizó el Sello de Distinción de la Gastronomía Neuquina e incorporó una nueva figura: el Embajador del Vino.
La decisión no es solo técnica.
Es, sobre todo, una señal de hacia dónde quiere ir la provincia cuando habla de desarrollo.
El sello, creado en 2016, ya distinguía a restaurantes, productores y referentes gastronómicos.
Con esta actualización, suma una categoría que reconoce a quienes trabajan en el mundo del vino y contribuyen a posicionar la identidad enogastronómica neuquina dentro y fuera del territorio.
La primera distinción fue para el sommelier Sergio Landoni, cuyo recorrido está ligado a la promoción de experiencias que combinan vinos patagónicos con productos regionales.
Su trabajo refleja una tendencia que viene creciendo en la provincia: entender que el vino no es solo una bebida, sino una forma de narrar el paisaje, el clima y la cultura local.
En paralelo, también fue reconocida la chef Graciela Caffa Lucero como embajadora de la gastronomía neuquina, en una decisión que vuelve a poner en valor trayectorias construidas desde el territorio.
La actualización del sello apunta a algo más amplio.
A consolidar un modelo que articule producción, turismo y cocina como parte de una misma cadena de valor.
En un contexto donde las economías regionales buscan diferenciarse, la identidad aparece como un recurso cada vez más estratégico.
La escena no es casual.
La Fiesta del Chef, que en su edición número veinte reúne a cocineros, productores y visitantes de todo el país, funciona como una vidriera donde Neuquén ensaya su propia narrativa gastronómica.
En ese marco, el vino se suma como pieza clave.
No solo por su crecimiento productivo, sino por su capacidad de integrarse con otros sabores y construir experiencias que trascienden el plato.
En una provincia donde el desarrollo suele asociarse a la energía, la gastronomía empieza a ofrecer otra forma de proyección.
Más ligada a la cultura, al turismo y a la construcción de marca territorial.
Porque a veces una economía también se construye desde lo que se comparte en una mesa.
Y en Neuquén, esa mesa empieza a tener cada vez más sabor a identidad.