OpenAI compra la empresa del diseñador del iPhone y redobla la apuesta por la inteligencia artificial física

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La empresa de ChatGPT adquiere la firma del mítico Jony Ive por 6.500 millones de dólares. ¿Vienen los dispositivos con alma digital?

La revolución de la inteligencia artificial acaba de dar otro paso monumental. Este martes, OpenAI, la firma detrás de ChatGPT, anunció la compra de la empresa del diseñador británico Jony Ive, célebre por haber creado los productos icónicos de Apple como el iPhone, el iMac y el iPod. La operación, valuada en 6.500 millones de dólares, es la mayor adquisición en la historia de la compañía liderada por Sam Altman.

El objetivo declarado es claro: diseñar el primer dispositivo físico con inteligencia artificial generativa integrada, una especie de asistente personal portátil y autónomo, que no solo responda órdenes, sino que anticipe, observe, sugiera y acompañe al usuario en su vida diaria. ¿Una especie de “Jarvis” minimalista? ¿Un iPhone con alma? Las analogías no faltaron en redes sociales, donde el anuncio encendió la imaginación de usuarios, críticos tecnológicos y detractores del avance de la IA.

El nuevo proyecto aún no tiene nombre, ni forma definida. Pero según trascendió, el prototipo se parecería más a un dispositivo vestible o de bolsillo, que a un teléfono convencional. Su propósito sería funcionar como interfaz conversacional avanzada, capaz de integrarse con sensores ambientales, contexto de ubicación, ritmo emocional del usuario y procesamiento en tiempo real. Lo que antes eran comandos, ahora serían vínculos.

Para muchos analistas, la jugada de OpenAI marca una transición de paradigma: la inteligencia artificial deja de estar encerrada en la pantalla para filtrarse en la experiencia tangible del cuerpo y del entorno. “No se trata solo de hacer preguntas, sino de vivir con la tecnología como una presencia constante”, dijo Altman durante el anuncio. El movimiento busca competir con los esfuerzos de Google (con su proyecto de IA integrada a Android) y Apple (que viene trabajando en Siri 2.0).

Pero no todos lo celebran. Desde sectores críticos, se advierte que esta hiperintimidad con dispositivos inteligentes puede profundizar la dependencia tecnológica, erosionar la privacidad y naturalizar relaciones de vigilancia invisible. ¿Queremos una IA que nos escuche todo el tiempo? ¿Una máquina que conozca nuestros hábitos, emociones y rutinas mejor que nosotros?

Desde una mirada progresista, la discusión no pasa solo por el gadget sino por la gobernanza de estas tecnologías. ¿Quién decide qué valores tendrá esa IA? ¿Quién regula sus decisiones? ¿Cómo se asegura que no reproduzca sesgos, discriminaciones o modelos extractivistas de datos?

La compra de la firma de Jony Ive por OpenAI no es solo una fusión de talentos. Es la fusión de dos épocas: la del diseño emocional con la del cálculo infinito. Lo que salga de ahí, probablemente marque el comienzo de la era post-smartphone.