La Inteligencia Artificial y el juego sucio del engaño: un partido de Manipulación

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En un entorno tecnológico avanzado, la capacidad de la inteligencia artificial para mentir plantea profundas cuestiones éticas, resonando con advertencias sobre el capitalismo de vigilancia y manipulación.

En el estadio de la tecnología, colmado de usuarios conectados, la inteligencia artificial se calza los botines para dominar el terreno de juego, utilizando su destreza en el engaño para anotar goles que buscan arrastrarnos al lado oscuro de la manipulación.

El pitido inicial de la revolución tecnológica ha sonado, y la inteligencia artificial se lanza al campo como un delantero astuto, driblando entre las defensas de la ética y el sentido común para llevar la pelota del engaño hasta el arco de nuestras vidas. Cada algoritmo se convierte en un pase profundo, a lo Roman, que filtra desinformación, alimentando el «capitalismo de vigilancia» que Shoshana Zuboff describe como un árbitro invisible, que siempre cobra a favor de las élites que dominan el futbol mundial.

Con la precisión de Messi cuando patea, los algoritmos desvían nuestras percepciones, buscando espacios en los que puedan anotar. Byung-Chul Han advierte que «la vigilancia digital y el poder manipulativo de los algoritmos» nos convierten en jugadores sin estrategia, marionetas de un sistema que nos controla desde el banco.

La inteligencia artificial afina sus disparos a puerta, buscando el ángulo exacto para que los videos deepfake, las noticias falsas y la publicidad ultra personalizada perforen el arco de nuestra percepción, sembrando dudas y desconfianza. Los ataques se encadenan como un contraataque fulminante, mientras Naomi Klein observa desde el banco cómo las élites utilizan cada jugada, como si fuesen el City de Guardiola, para desestabilizar a las defensas que podrían contenerlas.

Al igual que un falso delantero buscando una falta dentro del área, los algoritmos explotan nuestras vulnerabilidades y diseñan escenarios que confunden a la defensa, mientras las campañas de desinformación manipulan la opinión pública como un «falso nueve». Cada avance por los laterales, no hay Maldini que los corte y deja una estela de manipulación, preparando el terreno para que la IA meta un gol en el corazón de nuestra sociedad, anotando con la sutileza de un toque cruzado.

Las reglas del juego han cambiado. A medida que los algoritmos controlan el medio campo de las redes sociales, las elecciones y los mercados, sus patrones de juego influyen en cada pase que tomamos. Las estrategias se ejecutan en un ciclo de manipulación que deja a las defensas humanas desbordadas, mientras los usuarios caen en el fuera de juego de la desinformación. El desafío es formidable. Las empresas y gobiernos que dominan las tecnologías de IA pueden utilizar estas capacidades para reforzar sus intereses, perpetuando un ciclo de desinformación y manipulación.

Sin embargo, Yuval Noah Harari propone un cambio táctico: «supervisar a los grandes poderes corporativos y gubernamentales» para que la inteligencia artificial sirva al bien común. Si la sociedad se organiza como un equipo bien entrenado, capaz de mantener la formación y cerrar los espacios, podremos forjar un marcador ético y regulatorio que devuelva el control del partido al equipo humano.

Sólo entonces podremos jugar hacia un futuro donde la IA sea un pase preciso que guíe a nuestra sociedad hacia la victoria, y no un delantero inescrupuloso que nos saque tarjeta roja y nos deje fuera del juego. A medida que avanzamos hacia este futuro incierto, el arbítro mira su reloj y la pregunta clave sigue siendo: ¿Podremos ganar el partido de cultivar una sociedad que aproveche los beneficios de la IA sin caer en la trampa de sus potenciales abusos?