Una nueva especie vegetal revela otro secreto de las montañas del norte neuquino

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Investigadores de la UBA y el Conicet identificaron en los macizos volcánicos del Domuyo y el Wayle una planta desconocida hasta ahora para la ciencia. La nueva especie, llamada Leucheria meloorum, vive entre los 2.550 y los 2.900 metros de altura y es exclusiva de este territorio.

En las alturas del norte neuquino, donde el viento, la nieve y la radiación solar imponen condiciones extremas, la vida encuentra formas de resistir que todavía sorprenden a la ciencia. Esta vez, la protagonista es una pequeña planta que crece entre las montañas del Domuyo y el Wayle y que acaba de ser reconocida como una nueva especie.

Se trata de Leucheria meloorum, identificada por los botánicos Juan Felipe Horton y Pablo Picca, investigadores del Laboratorio de Sistemática y Biología Reproductiva de Plantas Vasculares del Instituto de Micología y Botánica (Inmibo), dependiente de la UBA y el Conicet. El trabajo se realizó con autorización de la Dirección General de Áreas Naturales Protegidas de Neuquén.

La especie fue encontrada entre los 2.550 y los 2.900 metros sobre el nivel del mar. Hasta el momento, no existen registros de esta planta fuera de los macizos volcánicos del Domuyo y el Wayle, por lo que los investigadores la consideran endémica de este sector del norte de la provincia.

Su aspecto ayuda a entender cómo consigue sobrevivir en un ambiente que no ofrece demasiadas facilidades. Leucheria meloorum presenta un crecimiento compacto, con una estructura que forma una especie de cojín. Esa configuración le permite adaptarse a las condiciones propias de la alta montaña, donde las fuertes ráfagas de viento, las nevadas y la intensa exposición al sol forman parte de la vida cotidiana del paisaje.

El descubrimiento no ocurrió simplemente por encontrar una planta diferente. Para determinar que se trataba de una especie desconocida fue necesario recolectar ejemplares destinados a herbarios y estudiar detalladamente sus características. Ese análisis permitió establecer que los individuos observados tanto en el Wayle como en el Domuyo no correspondían a ninguna especie conocida hasta entonces.

La descripción científica de Leucheria meloorum fue publicada en la revista especializada Phytotaxa, donde el hallazgo quedó incorporado formalmente al conocimiento científico. La investigación registra ejemplares encontrados en ambos sectores montañosos y permite ampliar la información disponible sobre la flora de alta montaña de Neuquén.

El valor del descubrimiento va más allá de sumar un nombre a una lista de especies. Cada organismo endémico cuenta una parte de la historia de un territorio. Su distribución limitada puede revelar cómo se relacionan las especies con determinadas condiciones geográficas y climáticas y, al mismo tiempo, mostrar hasta qué punto algunos ambientes contienen formas de vida que no aparecen en ningún otro lugar.

En este caso, la montaña funciona como una especie de laboratorio natural. A medida que aumenta la altura, cambian las temperaturas, la disponibilidad de agua, la exposición a la radiación y las condiciones del suelo. Las plantas que consiguen establecerse allí deben desarrollar estrategias particulares para resistir. La forma compacta de Leucheria meloorum es una de esas respuestas.

El hallazgo también vuelve a poner en escena al Domuyo como algo más que un paisaje emblemático del norte neuquino. Sus características geológicas y sus ambientes de altura ya lo convierten en un territorio singular, pero la aparición de una nueva especie muestra que todavía existen aspectos de su biodiversidad que permanecen por descubrir.

Lo mismo ocurre con el Wayle. La montaña forma parte de un territorio donde distintas especies encuentran condiciones particulares y donde la investigación científica puede aportar información que, de otro modo, permanecería invisible.

En ese sentido, las áreas naturales protegidas cumplen una doble función. No solamente permiten conservar determinados ambientes, sino que también generan condiciones para que puedan ser estudiados. La Provincia, a través de la Dirección General de Áreas Naturales Protegidas, autoriza investigaciones científicas en distintos sectores y articula el trabajo de los equipos de campo con universidades y organismos especializados.

Esa relación entre conservación y ciencia adquiere especial importancia cuando se trata de especies cuya distribución es muy limitada. Conocer dónde viven, cuáles son sus características y qué condiciones necesitan permite construir información que puede ser utilizada para comprender mejor los ecosistemas y fortalecer las estrategias de conservación.

El descubrimiento de Leucheria meloorum se suma, además, a otros hallazgos recientes que muestran la riqueza biológica de las áreas de montaña neuquinas. En 2025, por ejemplo, investigadores habían identificado Hyalella domuyo, un pequeño crustáceo de agua dulce endémico del Área Natural Protegida Domuyo.

Cada nuevo hallazgo modifica un poco el mapa de lo conocido. Y en territorios de alta montaña, donde las condiciones pueden parecer demasiado duras para la vida, esa capacidad de adaptación adquiere un significado particular.

La nueva especie no necesita grandes dimensiones para contar una historia enorme. Es apenas una planta, pequeña y compacta, aferrada a un ambiente extremo. Pero su existencia recuerda que todavía hay partes de Neuquén que la ciencia continúa descubriendo.

Entre los volcanes, la nieve y los vientos del norte provincial, Leucheria meloorum encontró su lugar mucho antes de que alguien pudiera ponerle un nombre. Ahora ese nombre permite reconocerla, estudiarla y, sobre todo, entender que proteger un paisaje también significa proteger las formas de vida que todavía estamos aprendiendo a conocer.