Después de un debut que la convirtió en una de las comedias más vistas y comentadas del streaming argentino, «División Palermo» regresa con una segunda temporada cargada de caos, humor ácido y una mirada descarnada sobre la seguridad, el absurdo estatal y los estereotipos sociales.
La serie creada y protagonizada por Santiago Korovsky ya está disponible en Netflix con ocho nuevos episodios que profundizan su apuesta por una sátira corrosiva sobre los cuerpos de seguridad y la inclusión forzada. La fórmula que conquistó al público —una patrulla urbana compuesta por personas con discapacidades, migrantes, una mujer trans y un hombre ciego— sigue vigente, pero esta vez con giros narrativos más oscuros y una ciudad de Buenos Aires aún más hostil como telón de fondo.
En esta nueva entrega, la Patrulla de Inclusión Urbana, otrora un dispositivo de marketing gubernamental para dar imagen de diversidad, se enfrenta a conflictos internos, recortes presupuestarios y amenazas externas que la vuelven aún más vulnerable. La ironía se intensifica, pero sin perder la ternura que caracteriza a los personajes. “Es una comedia con humanidad, donde te reís del sistema, pero también de vos mismo”, explicó Korovsky en entrevistas recientes.
Lo interesante de “División Palermo” no es solo su capacidad de hacer reír —algo nada menor en estos tiempos—, sino su potencia como comentario político. La serie se ríe de la corrección política, del lenguaje inclusivo mal usado, de las políticas públicas que solo sirven para sacarse una foto, y al mismo tiempo defiende, sin subrayados, el derecho a existir con dignidad de todas las personas.
La segunda temporada, producida por K&S Films y Netflix Latinoamérica, incorpora además nuevos personajes y un arco narrativo más complejo, con tintes de thriller barrial. La inclusión de conflictos con narcos, internas políticas y fake news le da una capa adicional a la historia, que sigue combinando lo marginal con lo absurdo, el sketch con la trama sostenida.
«División Palermo» es una serie que incomoda a quien debe incomodar, pero lo hace con humor y con inteligencia. En un panorama audiovisual donde muchas veces las producciones nacionales quedan relegadas o limitadas a fórmulas repetidas, esta comedia negra vuelve a demostrar que la sátira bien hecha puede ser también un acto de resistencia cultural.