«Crisis de legitimidad y desafíos de una sociedad en cambio: ¿Cómo reconstruir el contrato social para el bien común?”

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La socióloga Abigail Salgado, estuvo en el programa Tercer Puente, en radio 10, brindando un análisis de la situación actual de la sociedad, y de las elecciones PASO.

Al inicio de la entrevista, consultada en cuanto a cuál era su primera opinión en relación al resultado de las elecciones del domingo pasado, dijo: «en primer lugar, me resultó sorprendente. Si bien vengo siguiendo la tendencia el candidato es muy novedoso como para poder tener estos resultados. Pensaba que iba a continuar el oficialismo o de haber una tendencia más hacia Bullrich. Pero la realidad, analizándolo teniendo como en cuenta en lo que se basa en nuestra democracia, los fundamentos de nuestra creencia, en el sistema político partidario y en nuestro Estado en su conjunto; podríamos decir que estamos ante una crisis de legitimidad o de credibilidad, no solamente en la democracia, sino en el Estado en su funcionamiento en su conjunto. Esta crisis de alguna manera se ha potenciado en un contexto donde distintos gobiernos partidarios -dentro de lo que vendría que hacer los gobiernos partidarios más clásicos- no han podido revertir variables negativas para el desarrollo económico-social como por ejemplo la inflación, el desempleo, la falta de producción, la seguridad, la justicia social en otro sentido distinta como lo estamos empleando comúnmente. Entonces, todos esos indicadores negativos que no han sido revertidos ni por Cambiemos en su momento con Macri ni en este gobierno de Fernández; hacen que el ciudadano se sienta impotente y deje de creer no solamente en el Estado, que es bastante grave, sino también en la misma democracia. Entonces, ya en esa situación de impotencia, de no saber qué hacer, cómo resolver, aparece una figura con un fuerte carisma que, vinculado al contexto de crisis, logra ser como una especie de conexión»

Teniendo en cuenta la pregunta relacionada al momento social en el que estamos, y qué condiciones se tienen que cumplir para que se produzca la irrupcion de discursos antisistemas, y teniendo presentes ejemplos como las manifestaciones en los ultimos días contra Bolsonaro, o Donald Trump, respondió: «sí, porque tiene que ver también como el contrincante responde a la crítica, y ese es un punto muy difícil porque el contrincante no se siente interpelado sino que usa esa crítica para reforzar su imagen. Y es muy difícil, por ejemplo, para un candidato del oficialismo hoy tener una discusión con Milei y ganarla, porque el mismo contrincante se posiciona superando la crítica en su discurso. Entonces eso lo empodera aún más y eso le da también al ciudadano que se siente impotente frente a la incapacidad de poder hacer algo, se siente como más representado».

Reflexionando y tomando como base el análisis brindado, en donde en la sociedad actual está cada vez mas marcada de malestares, dijo: «eso es lo que también lleva al ciudadano a cuestionar muchos de los argumentos que tienen los partidos más oficiales, a la hora de mantener la postura. Bueno, sí puede ser de derecha, yo no estoy a favor de la violencia como expresa el ciudadano; pero ante este incremento de la pobreza, de la miseria, del narcotráfico, el consumo problemático, la solución más efectiva resulta ser esta,. Se entiende más o menos, es un poco la visión, no es que el ciudadano que votó en Milei sea una persona violenta. Hay sectores de todo tipo, de estar a la derecha clásica, la derecha conservadora y los sectores liberales en sentido económico. Pero también está el ciudadano que no es por sí violento, por así decirlo, pero de alguna manera se siente impotente y entonces se apoya y le da como una seguridad o una certeza. Consideran que, los discursos de «vamos a generar trabajo», «Vamos a aplicar este programa para detener la inflación», y finalmente no se hizo nada y seguimos iguales, entonces se siente abandonado el ciudadano en relación al gobierno en su conjunto».

Hacia el final de la entrevista, Abigail respondió la interrogante vinculado a cómo se construye una nueva sociedad que pueda contener a todos, en donde se vuelva a tejer el contrato social: «creo que la solución sería pensarlo de esta manera: darle a la sociedad civil lo que es la sociedad civil y al Estado lo que es el Estado. Permitir o fomentar el desarrollo del trabajo colectivo en los asuntos que son de problemáticas o intereses ciudadanos. Es decir, la democracia participativa no se tiene que reducir a una cuestión de opinión. También tiene que haber un apoyo al ciudadano, dar los recursos intelectuales y el tiempo para que el ciudadano pueda organizarse y trabajar y participar en el desarrollo de soluciones sobre problemáticas comunes. No puede el ciudadano no estar involucrado en materia de justicia social. Pero el ciudadano no puede, por ejemplo, aportar armas, pero sí puede ser protagonista de un programa de apoyo social a su propia realidad sin que eso tenga que estar capitalizado por el Estado. Y por otro lado, también esto es importante y es una crítica al funcionamiento partidario, porque los recursos del gobierno se emplean para rivalizar y competir con el contrincante. Y muchos de los recursos que están como pasivos y activos dentro del Estado están estancos en cada organismo, en cada institución, y son recursos que se podrían poner a circular, permiten la generación de un valor social, evitando el mercantilismo y el endeudamiento. Falta integración entre distintos organismos e instituciones estatales; el Estado no debería capitalizar todo, montarse a monopolizar los recursos de la sociedad. Eso es un error, en lugar de usar los recursos para competir interpartidariamente y no emplearlos para beneficio del desarrollo social. Es un error, y esa es la crítica que tienen que hacer los gobiernos de hoy en día. Pero tampoco se puede dejar a la sociedad civil a la merced y que se las arreglen como puedan. Darle a la sociedad civil lo que le compete y al Estado que utilice los recursos. Y ahí, los recursos estancos, como medios de producción, podrían ponerse a circular, ponernos al servicio de la producción de bien común, y que el endeudamiento externo sea la última vía».