La infancia en emergencia silenciosa

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Un informe de la Universidad Católica Argentina reveló que casi seis de cada diez niños viven en la pobreza y que cerca del 30% no accede a una alimentación regular. Detrás del dato aparece una herida persistente que la política argentina todavía no logra cerrar.

En la Argentina de los discursos grandilocuentes y las batallas ideológicas permanentes, hay una cifra que atraviesa cualquier relato.

Casi el 60% de los niños, niñas y adolescentes del país vive en condiciones de pobreza, mientras que cerca de un tercio no logra alimentarse de manera regular.

El dato surge del último informe de la Universidad Católica Argentina, que volvió a poner en números una realidad que hace tiempo dejó de ser excepcional para transformarse en paisaje.

La pobreza infantil alcanzó el 53,6% durante 2025 y la indigencia llegó al 10,7%, aunque el deterioro alimentario sigue afectando a una porción todavía mayor de la niñez argentina.

El estudio advierte que, aunque hubo una leve mejora respecto de los picos más duros de los últimos años, el problema sigue siendo estructural.

No se trata solamente de ingresos insuficientes. También aparecen privaciones en salud, vivienda, acceso a controles médicos y condiciones básicas para un desarrollo digno.

Lo más inquietante es que detrás de cada porcentaje hay una vida concreta.

Un chico que saltea una comida no aparece en los mercados financieros.

Una familia que reduce una visita al médico para poder pagar la luz tampoco entra en las celebraciones de la macroeconomía.

Mientras el Gobierno nacional insiste en mostrar señales de orden fiscal como prueba de un cambio de rumbo, los números sociales revelan otra escena.

La estabilización de algunas variables no alcanza para modificar la fragilidad cotidiana de millones de hogares donde la pobreza no es una estadística, sino una rutina.

La niñez suele ser el primer territorio donde impactan las crisis y el último donde llegan las recuperaciones.

Por eso, cuando una sociedad naturaliza que una parte tan grande de sus chicos crezca entre carencias, lo que empieza a erosionarse no es sólo el presente, sino la idea misma de futuro.

La cifra que difundió la UCA no describe únicamente una urgencia social.

También expone una pregunta incómoda para toda la dirigencia: cuánto tiempo puede sostenerse un país que se acostumbra a mirar hacia otro lado mientras una generación entera aprende demasiado temprano lo que significa vivir con menos de lo necesario.