Javier Milei se reunió con Peter Thiel, uno de los empresarios más influyentes del universo tecnológico global, el mismo día en que el Gobierno restringió el acceso de periodistas a la Casa Rosada. La coincidencia dejó una imagen que excede la agenda oficial y vuelve a encender alarmas sobre el vínculo entre poder, tecnología y democracia.
Javier Milei recibió en la Casa Rosada a Peter Thiel, cofundador de PayPal y uno de los nombres más poderosos del ecosistema tecnológico internacional.
Thiel no es solo un empresario de Silicon Valley.
También es una figura conocida por sus críticas abiertas a la democracia liberal y por sostener desde hace años que libertad económica y sistema democrático no siempre son compatibles.
La reunión ocurrió en una jornada especialmente sensible para el Gobierno.
Ese mismo día, la administración nacional decidió restringir el ingreso de periodistas acreditados a la Casa Rosada, una medida que fue interpretada por distintos sectores como un nuevo avance sobre la libertad de prensa.
La simultaneidad entre ambos hechos no pasó inadvertida.
Mientras en el interior del poder presidencial se abrían las puertas para uno de los ideólogos más influyentes del nuevo capitalismo tecnológico, afuera se cerraban para quienes tienen la tarea de observar y preguntar.
Thiel es además uno de los principales impulsores de Palantir Technologies, una compañía especializada en inteligencia artificial, vigilancia y procesamiento masivo de datos que mantiene contratos con gobiernos y agencias de seguridad en distintas partes del mundo.
Su nombre aparece desde hace años en debates sobre privacidad, control estatal y el creciente peso político de las grandes empresas tecnológicas.
Para el oficialismo, el encuentro fue presentado como una señal de interés internacional hacia la Argentina.
En la Casa Rosada lo interpretan como un respaldo al rumbo económico y al intento de mostrar al país como un destino atractivo para inversiones ligadas a la innovación.
Pero la escena también dejó otra lectura posible.
La de un presidente que en nombre de la libertad económica se acerca a figuras que desconfían de la democracia, mientras su propio gobierno profundiza tensiones con los mecanismos básicos del control público.
En una época donde el poder ya no se concentra solamente en los Estados sino también en las plataformas, en los algoritmos y en quienes administran información global, la visita de Thiel tuvo un peso que va mucho más allá de una foto protocolar.
A veces, una reunión puede decir más sobre una época que un discurso entero.