Más de 600 referentes se reunieron en Neuquén para discutir el futuro del trabajo en la región. Detrás del boom energético, aparece otra discusión: cómo formar, sostener y cuidar a quienes hacen posible ese crecimiento.
En Neuquén, donde los números de producción suelen ocupar el centro de la escena, hay otra conversación que empieza a ganar lugar. No habla de barriles ni de inversiones, sino de personas. De cómo se las forma, cómo se las retiene, cómo se las cuida en un contexto que crece rápido, a veces demasiado rápido.
Esa discusión fue el corazón del HR Summit Norpatagonia 2026, que en su primera jornada reunió a más de 600 participantes entre empresas, funcionarios, universidades y especialistas. El encuentro, organizado por Bizion Escuela de Negocios junto a Randstad, funcionó como una especie de espejo del momento que atraviesa la región: expansión productiva, presión sobre el mercado laboral y una transformación silenciosa en la forma de trabajar.
Con más de 12 paneles distribuidos en tres salas, la agenda recorrió temas que ya no pertenecen al futuro, sino al presente inmediato: inteligencia artificial aplicada a Recursos Humanos, nuevas formas de liderazgo, inclusión, seguridad laboral, estrategias de compensación y el impacto de los cambios normativos sobre el empleo. Todo atravesado por una pregunta que se repitió, aunque con distintas palabras: ¿cómo se gestiona el trabajo en una economía que cambia más rápido que sus reglas?
La respuesta no fue única, pero sí dejó una certeza compartida: el desarrollo ya no se explica solo por los recursos naturales.
“Hay una gran integración de lo público y lo privado en Neuquén, pero no alcanza con tener recursos materiales”, planteó Fernando Schpoliansky, desde la Municipalidad. La frase, en una provincia marcada por el ritmo de Vaca Muerta, funciona como advertencia y como diagnóstico. El crecimiento económico, por sí solo, no resuelve las tensiones del mercado laboral: las reorganiza.
En esa línea, desde el ámbito académico, Christian Kreber, de UFLO Universidad, apuntó a lo que definió como la “próxima frontera” del desarrollo regional: la gestión de personas. La idea no es menor. En un territorio donde el empleo técnico se vuelve cada vez más demandado, la formación, la retención y el desarrollo del talento empiezan a ser tan estratégicos como la infraestructura o la inversión.
Pero hay otra capa, menos visible, que atraviesa esa discusión. La transformación tecnológica. Gonzalo Echegaray, director de Bizion, la definió como una “cuarta ola” que impacta de lleno en las organizaciones. Inteligencia artificial, automatización, nuevas dinámicas de trabajo. Cambios que no solo modifican tareas, sino también vínculos, jerarquías y expectativas.
En ese contexto, el Summit también dejó anuncios concretos. Entre ellos, el lanzamiento de una diplomatura orientada a la alta gerencia en PyMEs del sector energético y la proyección de expansión académica hacia Buenos Aires en 2027. No es solo una apuesta institucional: es una señal de que el conocimiento que se genera en la Cuenca Neuquina empieza a consolidarse como activo exportable.
El encuentro también expuso una foto interesante: grandes compañías del sector energético compartiendo espacio con PyMEs locales, cámaras empresariales, universidades y organismos públicos. Esa convivencia, lejos de ser anecdótica, marca el terreno donde se juega el futuro productivo de la región.
Porque el desafío ya no es solo crecer. Es sostener ese crecimiento sin que se vuelva excluyente.
En un contexto nacional donde el ajuste redefine el rol del Estado y tensiona las condiciones laborales, la discusión sobre la gestión de personas adquiere otra dimensión. No se trata solo de eficiencia o competitividad. También se trata de derechos, de condiciones de trabajo y de qué tipo de desarrollo se construye.
La segunda jornada del Summit continuará con temas como el ingreso de nuevas generaciones al mundo laboral, la marca empleadora en sectores con alta rotación y la prevención de situaciones de violencia en el trabajo. Temas que, lejos de ser secundarios, empiezan a formar parte del núcleo duro de la agenda.
En el fondo, lo que se debatió en Neuquén es algo más simple y más complejo a la vez: que detrás de cada pozo, cada contrato y cada indicador, hay personas. Y que sin ellas, el desarrollo no es más que una promesa difícil de sostener.