El tren vuelve a aumentar y el ajuste viaja sobre rieles

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El Gobierno aplicará una suba escalonada de casi 90% en las tarifas ferroviarias hasta septiembre. El incremento supera ampliamente la inflación proyectada y vuelve a golpear sobre millones de trabajadores y estudiantes del AMBA.

Viajar en tren será, otra vez, un poco más caro.

Y bastante más difícil de sostener para quienes usan el transporte público todos los días para trabajar, estudiar o simplemente atravesar una rutina cada vez más ajustada.

El Gobierno nacional anunció un nuevo esquema de aumentos escalonados en las tarifas ferroviarias que llevará el boleto mínimo de $280 a $530 entre mayo y septiembre. La suba acumulada rondará el 89%, casi el triple de la inflación anual que el propio oficialismo proyecta para 2026.

La medida forma parte del plan de reducción de subsidios impulsado por la gestión de Javier Milei y se enmarca dentro de la llamada “emergencia ferroviaria”, declarada después de una serie de problemas operativos y años de deterioro estructural del sistema.

El esquema prevé aumentos consecutivos durante cinco meses: 18% en mayo, 15% en junio y nuevas subas mensuales hasta septiembre. Mientras tanto, quienes no tengan la SUBE registrada deberán pagar tarifas todavía más altas.

El argumento oficial habla de “sinceramiento”.

De “ordenar precios relativos”.

Pero en la vida cotidiana el impacto tiene otra traducción: más gasto fijo para sectores que ya vienen perdiendo poder adquisitivo desde hace meses.

El problema no aparece aislado.

Llega junto a nuevos aumentos en colectivos, servicios públicos, prepagas y combustibles, en un contexto donde la desaceleración inflacionaria todavía no logra sentirse con claridad en los bolsillos.

La paradoja empieza a hacerse evidente.

Mientras el Gobierno celebra indicadores macroeconómicos y apuesta a mostrar estabilidad financiera, gran parte de la sociedad convive con una economía donde casi todo sigue aumentando por encima de los salarios.

Y ahí el transporte ocupa un lugar sensible.

Porque no es un consumo opcional.

Es la herramienta cotidiana que conecta trabajo, estudio y vida urbana.

Cuando subir a un tren empieza a parecer un lujo, lo que se encarece no es solamente un boleto.

También se vuelve más costoso el derecho básico a moverse dentro de la ciudad.