Una nueva encuesta mostró una fuerte caída en la intención de voto de Javier Milei y un dato que preocupa al oficialismo: casi la mitad de quienes lo eligieron en 2023 hoy no volvería a hacerlo. El desencanto empieza a crecer incluso dentro del núcleo libertario.
El desgaste ya no aparece solamente en la oposición.
También empieza a sentirse entre quienes alguna vez apostaron fuerte por Javier Milei.
Una nueva encuesta nacional reveló que apenas el 26,5% de los consultados votaría al Presidente para una eventual reelección en 2027, mientras que el rechazo supera el 70%.
Pero el dato más delicado para el oficialismo aparece en otro lado.
Casi la mitad de quienes votaron a Milei en 2023 asegura hoy que no volvería a acompañarlo.
Y detrás de esa caída se repite una frase que empieza a circular cada vez más entre antiguos votantes libertarios: “No era esto”.
La sensación de decepción atraviesa especialmente a sectores medios y jóvenes que acompañaron el discurso antisistema del Presidente esperando una mejora económica rápida o una transformación profunda de la política argentina.
Sin embargo, el ajuste permanente, la pérdida salarial y el aumento del costo de vida empezaron a erosionar esa expectativa inicial.
La encuesta además muestra un cambio importante en la composición del apoyo libertario.
El núcleo más fiel de Milei aparece ahora más concentrado en sectores de ingresos altos, regiones agroexportadoras y algunas provincias del norte del país. En cambio, el rechazo crece con fuerza en grandes centros urbanos y entre franjas etarias atravesadas por el deterioro económico cotidiano.
Aun así, el oficialismo conserva algo clave: una oposición fragmentada y sin liderazgo claro.
Por eso dentro de La Libertad Avanza todavía creen que Milei mantiene chances competitivas hacia 2027, especialmente si logra sostener cierta estabilidad económica y controlar la inflación.
Pero el clima social ya no parece el mismo que durante los primeros meses de gobierno.
La épica libertaria empieza a convivir con cansancio, frustración y dudas incluso dentro de su propio electorado.
Y ahí aparece uno de los mayores riesgos políticos para la Casa Rosada.
Porque los gobiernos suelen resistir bastante tiempo el rechazo opositor.
Lo que rara vez logran soportar demasiado es la decepción de quienes alguna vez creyeron en ellos.