Denuncias sobre presuntos negocios cruzados, concesiones “a medida” y concentración empresarial empiezan a rodear la nueva licitación de la Hidrovía. El tema ya genera tensión política y amenaza con convertirse en otro problema sensible para Javier Milei.
La Hidrovía vuelve a quedar bajo sospecha.
Y en los pasillos políticos ya empiezan a hablar de un posible nuevo escándalo para el gobierno de Javier Milei.
La discusión gira alrededor de la futura concesión del sistema de navegación troncal más importante del país, por donde circula buena parte de las exportaciones argentinas de granos, energía y producción industrial.
Según distintas denuncias y versiones que comenzaron a circular en el sector, grupos empresarios vinculados al negocio portuario y energético buscarían quedarse con áreas clave del nuevo esquema de concesiones impulsado por el oficialismo.
Entre los nombres que aparecen mencionados figuran el Grupo Neuss, empresarios ligados al negocio de grúas portuarias y operadores históricos de la Hidrovía.
Las críticas apuntan especialmente a posibles pliegos “hechos a medida” y a la conformación de nuevos monopolios privados alrededor de la logística fluvial y energética.
La preocupación no es menor.
La Hidrovía no es solamente una ruta comercial.
Es una de las infraestructuras económicas más estratégicas de América del Sur.
Por allí sale cerca del 80% de las exportaciones agroindustriales argentinas y circulan intereses multimillonarios vinculados a puertos, dragado, balizamiento y comercio exterior.
En ese contexto, cualquier sospecha sobre favoritismos o negocios opacos rápidamente adquiere dimensión política.
La situación además aparece en un momento especialmente delicado para el Gobierno, atravesado por internas, denuncias de corrupción y desgaste creciente alrededor de funcionarios cercanos al Presidente.
Por eso dentro de la oposición ya empiezan a mirar la licitación de la Hidrovía como un posible nuevo frente de conflicto para la Casa Rosada.
La discusión también expone una contradicción incómoda para el discurso libertario.
Mientras Javier Milei insiste con la idea de reducir el Estado y combatir privilegios, sectores críticos advierten que el nuevo esquema podría terminar concentrando todavía más poder económico en grupos empresarios muy vinculados históricamente al negocio portuario argentino.
En paralelo, gobernadores y actores provinciales observan el proceso con atención.
Porque detrás de la pelea empresarial también se juega el control de una vía clave para las economías regionales y el comercio exterior argentino.
Y ahí aparece el verdadero fondo del problema.
La Hidrovía mueve barcos.
Pero sobre todo mueve poder.
Muchísimo poder.
Y en Argentina, cada vez que ese tablero empieza a reacomodarse, la política rara vez queda afuera.