Una familia de Aluminé convirtió la producción natural en una forma de contar la Patagonia

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Diego y Valeria Ermocida desarrollaron un emprendimiento artesanal que combina miel, cosmética natural y plantas regionales. La propuesta creció desde la apicultura familiar y hoy ya funciona como una marca con identidad propia dentro del turismo neuquino.

En Aluminé hay proyectos que nacen de la tierra.

Literalmente.

Entre colmenas, hierbas de montaña y aromas patagónicos, una familia neuquina logró transformar la producción artesanal en algo más grande que un emprendimiento comercial.

También en identidad local.

Diego y Valeria Ermocida están detrás de Nadur-Tierra Sur, una propuesta que combina apicultura, cosmética natural y productos elaborados con ingredientes de la región. Miel, polen, propóleo, bálsamos y preparados artesanales forman parte de un trabajo construido casi completamente con insumos locales.

La iniciativa volvió a destacarse durante una nueva edición de Expo Alumiel, el encuentro que reúne a productores apícolas y emprendedores de toda la Patagonia en Aluminé.

Pero detrás del stand aparece algo más profundo que una feria regional.

La búsqueda de construir valor desde el territorio.

La familia incorporó además plantas típicas de la zona como lavanda, caléndula, paramela y anís para desarrollar líneas de cosmética natural y preparados artesanales inspirados en saberes tradicionales y en el vínculo con el paisaje cordillerano.

La escena refleja un fenómeno que empieza a crecer en distintas localidades neuquinas.

Pequeños productores que ya no intentan competir solamente por cantidad o precio.

También por identidad.

Por origen.

Por contar historias vinculadas a la Patagonia, la naturaleza y las economías regionales.

En Aluminé, además, ese movimiento tiene una dimensión especial.

La localidad viene consolidándose como un polo de producción artesanal, turismo sustentable y proyectos ligados al ambiente y la interculturalidad.

Por eso Expo Alumiel funciona como bastante más que un evento apícola.

También como una vidriera de otra economía posible para el interior neuquino.

Más pequeña en escala.

Más ligada al trabajo familiar.

Y mucho más conectada con el territorio.

La miel Tierra Sur —identificada por un pequeño árbol en su etiqueta— ya empezó a llegar a distintos puntos del país impulsada por el turismo y el crecimiento de la marca.

Pero quizás lo más interesante del proyecto no sea solamente el producto.

Sino la lógica que propone.

En tiempos donde gran parte de la economía parece diseñada para producir rápido, uniforme y sin raíces, experiencias como esta intentan sostener algo bastante distinto.

La idea de que todavía se puede crecer sin perder el paisaje, la comunidad ni la identidad del lugar del que se viene.