El gobierno de Emiratos Árabes Unidos aseguró que los drones que impactaron cerca de la planta nuclear de Barakah fueron lanzados desde territorio iraquí. El episodio volvió a encender alarmas internacionales por el riesgo de una escalada regional alrededor de instalaciones nucleares.
La tensión en Medio Oriente sumó un nuevo capítulo inquietante.
Emiratos Árabes Unidos denunció que los drones que atacaron la central nuclear de Barakah provinieron desde Irak, en un episodio que volvió a exponer el nivel de fragilidad regional alrededor del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel.
El ataque provocó un incendio en un generador eléctrico ubicado fuera del perímetro interno de la planta, aunque las autoridades aseguraron que no hubo víctimas ni fugas radiactivas. Dos drones fueron interceptados por las defensas aéreas emiratíes y un tercero logró impactar cerca de las instalaciones.
La central de Barakah ocupa un lugar estratégico para Emiratos.
Es la única planta nuclear del mundo árabe y abastece cerca de una cuarta parte de la demanda energética del país. Además, representa uno de los proyectos más ambiciosos de diversificación energética impulsados en la región durante los últimos años.
Aunque ningún grupo asumió formalmente la autoría, Emiratos apunta indirectamente hacia milicias chiitas iraquíes alineadas con Irán, organizaciones que ya fueron acusadas anteriormente de lanzar ataques con drones sobre países del Golfo.
El episodio generó preocupación inmediata en organismos internacionales.
El Organismo Internacional de Energía Atómica advirtió sobre el enorme riesgo que implica cualquier acción militar cerca de instalaciones nucleares activas y reclamó evitar nuevas escaladas.
La situación además ocurre en un contexto extremadamente delicado.
La guerra regional alrededor de Irán ya afecta rutas marítimas, comercio energético y estabilidad política en gran parte de Medio Oriente. El estrecho de Ormuz —clave para el transporte mundial de petróleo— continúa bajo máxima tensión y los mercados internacionales siguen atentos a cualquier movimiento militar.
El trasfondo revela algo todavía más inquietante.
Las guerras modernas ya no se desarrollan únicamente en fronteras tradicionales.
Ahora también alcanzan infraestructura energética, redes tecnológicas y centrales nucleares capaces de afectar regiones enteras incluso sin una explosión militar directa.
Y ahí aparece uno de los mayores temores globales del presente.
Que un conflicto regional termine acercándose demasiado a instalaciones donde el margen para el error prácticamente no existe.