La FIFA enfrenta una rebelión inédita: el liderazgo de Infantino entra en su momento más delicado

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La conducción de Gianni Infantino atraviesa una de las mayores crisis desde su llegada a la presidencia de la FIFA. El rechazo de la UEFA y las críticas de la Conmebol por decisiones tomadas sin consenso profundizaron una disputa que ya trasciende lo deportivo y pone en discusión el modelo de gobernanza del fútbol mundial.

Durante años, Gianni Infantino logró sostener un delicado equilibrio entre las distintas confederaciones que integran la FIFA. Ese consenso, construido a fuerza de negociaciones y reparto de poder, comenzó a resquebrajarse en las últimas semanas. La fallida iniciativa para incorporar inversión privada en los derechos comerciales de los torneos organizados por la FIFA terminó convirtiéndose en el detonante de una crisis política sin precedentes dentro del organismo.

La tensión escaló cuando varias confederaciones denunciaron que el proyecto había sido impulsado sin la consulta institucional necesaria. La UEFA fue la más dura y mantuvo sus cuestionamientos incluso después de que la FIFA retirara la propuesta y reconociera errores en el proceso. Para las autoridades del fútbol europeo, el problema ya no pasa únicamente por aquella iniciativa, sino por un estilo de conducción cada vez más concentrado en la figura del presidente.

La Conmebol, tradicional aliada de Infantino en distintos momentos de su gestión, también expresó su preocupación. Aunque valoró que el proyecto fuera retirado, advirtió sobre las «acciones unilaterales» adoptadas por la conducción de la FIFA y reclamó que las decisiones estratégicas vuelvan a discutirse mediante los mecanismos institucionales del organismo.

El conflicto deja expuesta una fractura cada vez más visible entre las principales potencias del fútbol mundial y el resto de las federaciones. Mientras la Confederación Africana de Fútbol ratificó su respaldo al dirigente suizo, en Europa crecen las voces que reclaman una renovación en la conducción del organismo y una reforma profunda de su funcionamiento interno.

La discusión no se limita al futuro personal de Infantino. Lo que está en juego es el modo en que se administran los recursos económicos más importantes del deporte más popular del planeta. La comercialización de competencias, los derechos audiovisuales y el creciente peso de los fondos de inversión abrieron un debate sobre hasta dónde puede avanzar la lógica financiera dentro de organizaciones que, al menos en teoría, siguen siendo asociaciones deportivas sin fines de lucro.

La elección presidencial de la FIFA recién se celebrará en 2027, pero el clima político comenzó a modificarse mucho antes. Aunque por ahora Infantino conserva apoyos suficientes para sostener su liderazgo, la pérdida de confianza de varias federaciones importantes anticipa un escenario mucho más competitivo que el de sus anteriores reelecciones.

Detrás de la disputa institucional aparece una pregunta más amplia: quién decide el futuro del fútbol mundial y bajo qué reglas. La respuesta todavía está abierta, pero el conflicto dejó en evidencia que incluso una organización acostumbrada a ejercer poder con enorme autonomía puede comenzar a encontrar límites cuando las decisiones dejan de construirse mediante el consenso.