El misterio del Arca de Noé vuelve a Turquía, pero la ciencia todavía no encuentra el barco

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Una nueva investigación en la formación de Durupınar, en el este de Turquía, volvió a despertar la teoría de que allí podrían existir restos del Arca de Noé. Los investigadores encontraron anomalías mediante radares y perforaciones, pero todavía no hay pruebas independientes que permitan afirmar que se trata de una antigua embarcación.

Hay lugares donde la geología parece haber sido escrita para alimentar una leyenda. En el este de Turquía, cerca de la localidad de Doğubeyazıt, una formación rocosa alargada tiene desde hace décadas una apariencia que recuerda a un enorme barco varado entre las montañas. Se llama Durupınar y, desde que fue identificada en fotografías aéreas en 1959, quedó asociada a una de las historias más conocidas de la tradición bíblica: la del Arca de Noé.

Ahora, una nueva campaña científica volvió a poner el lugar bajo los reflectores. El equipo dirigido por el arqueólogo Cenker Atila, de la Universidad Cumhuriyet de Sivas, realizó durante 2026 estudios sobre la superficie y el subsuelo de la formación. Para hacerlo utilizó distintas herramientas geofísicas, además de perforaciones y análisis de muestras.

La investigación despertó expectativas porque algunos de los datos preliminares muestran anomalías bajo la superficie. Los investigadores utilizaron radar de penetración terrestre y otras técnicas para construir imágenes del interior de la formación. También realizaron perforaciones para obtener muestras que puedan ser analizadas en laboratorio.

Uno de los resultados que llamó la atención fue la identificación de una anomalía de unos 76 metros en la zona central. El equipo la relacionó con una posible estructura interna, aunque los propios investigadores reconocen que una señal detectada por radar no permite concluir por sí sola que debajo de la tierra exista una embarcación.

También se recogieron numerosas muestras de suelo y fragmentos de cerámica cuya antigüedad todavía debe determinarse. Parte del material obtenido será sometido a estudios de laboratorio durante los próximos meses.

La investigación cuenta con participación de la organización estadounidense Noah’s Ark Scans, uno de los grupos que sostiene la hipótesis de que Durupınar podría estar relacionada con el Arca. Sus integrantes interpretan algunos de los resultados preliminares como indicios que merecen continuar siendo estudiados.

Pero ahí aparece la parte menos espectacular de la historia: una anomalía no es una prueba arqueológica.

La explicación geológica sigue siendo la interpretación predominante entre especialistas que han estudiado el lugar. Investigaciones anteriores concluyeron que la estructura puede explicarse mediante procesos naturales y que algunos elementos que fueron presentados en el pasado como posibles restos de una embarcación eran, en realidad, minerales y formaciones rocosas.

Un estudio publicado anteriormente describió la estructura como una formación natural y cuestionó las interpretaciones que identificaban supuestos componentes del Arca. Otros análisis también señalaron que determinadas características del terreno podían producir formas y patrones que, vistos desde arriba, parecen artificiales.

La historia de Durupınar está atravesada precisamente por esa tensión entre apariencia y evidencia. Desde el aire, su forma alargada puede recordar con facilidad a un barco. Pero la arqueología necesita algo más que una silueta llamativa: necesita materiales, dataciones, estructuras verificables y resultados que puedan ser analizados y reproducidos independientemente.

Por eso, la nueva investigación todavía está lejos de resolver el misterio.

La propia campaña de 2026 apunta a reunir información que permita determinar si las anomalías detectadas corresponden a estructuras artificiales o si pueden explicarse por la composición y la historia geológica del terreno. Los investigadores prevén continuar con los análisis y presentar nuevos resultados durante 2027.

La historia también muestra cómo una antigua narración religiosa puede seguir generando preguntas en pleno siglo XXI. El relato del Génesis habla de un arca que habría sobrevivido a un diluvio y terminado sobre las montañas de Ararat. Durante siglos, distintas expediciones buscaron rastros que permitieran conectar esa historia con un lugar concreto.

Durupınar se convirtió en uno de los candidatos más conocidos, pero nunca logró reunir evidencia aceptada por la comunidad científica que demostrara que allí se encuentra el Arca.

Eso no significa que la investigación actual carezca de interés. Al contrario: estudiar una formación geológica controvertida puede aportar información sobre la estructura del terreno, sus materiales y su evolución. Lo que todavía no puede hacer es convertir una hipótesis en un hecho.

El desafío estará en lo que ocurra cuando lleguen los resultados de laboratorio y cuando otros especialistas puedan revisar los datos obtenidos. Si las señales tienen una explicación natural, deberán poder ser entendidas dentro de la geología de la región. Si aparecieran evidencias realmente compatibles con una construcción humana antigua, entonces la discusión sería muy diferente.

Por ahora, el Arca sigue siendo una historia, y Durupınar sigue siendo una formación cuya naturaleza se investiga.

El misterio volvió a despertar, pero la ciencia todavía mantiene la puerta entreabierta: ni encontró el barco ni cerró todas las preguntas. Lo que hay bajo esas montañas tendrá que hablar primero a través de las muestras, los análisis y la evidencia antes de que la leyenda pueda convertirse en descubrimiento.