Los Lakers cambian de manos otra vez: una franquicia que ya vale 12.500 millones

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Los Ángeles Lakers serán vendidos a Josh Kushner y Bob Iger por una cifra récord de 12.500 millones de dólares, según reportes de ESPN, en una operación que todavía debe ser aprobada por la NBA. La franquicia vuelve a cambiar de dueño apenas un año después de haber sido valuada en 10.000 millones.

Los Lakers vuelven a cambiar de manos. Y esta vez, el número que acompaña la operación parece salido de otra liga: 12.500 millones de dólares.

Josh Kushner, inversor y fundador de Thrive Capital, y Bob Iger, exdirector ejecutivo de Disney, alcanzaron un acuerdo para comprar la franquicia más emblemática de Los Ángeles, de acuerdo con fuentes citadas por ESPN y otros medios estadounidenses. Si la operación se completa, será la venta más cara de la historia del deporte estadounidense.

La cifra también cuenta otra historia. Mark Walter había adquirido el control de los Lakers apenas el año pasado, en una operación que había valorado al equipo en unos 10.000 millones de dólares. Ahora, unos 14 meses después, la franquicia vuelve a ponerse en venta por alrededor de un 25% más.

En el medio no hubo un cambio de estadio ni una temporada extraordinaria que explique por sí sola semejante salto. Lo que aumentó fue, sobre todo, el valor de una de las marcas deportivas más poderosas del planeta.

Los Lakers no son solamente un equipo de básquet. Son una pieza de la cultura popular estadounidense, una marca global y uno de los activos deportivos más reconocibles del mundo. La familia Buss los había controlado desde 1979 y durante ese período construyó una parte fundamental de esa identidad. Con la salida de la familia, se cerró una era de casi medio siglo.

Ahora comienza otra.

Kushner llega desde el mundo de las inversiones tecnológicas. Su firma, Thrive Capital, ha construido una importante cartera de empresas de tecnología. Iger, por su parte, conoce como pocos el negocio de las grandes marcas culturales: estuvo al frente de Disney durante años y fue una de las figuras centrales en la expansión global de la compañía.

La combinación resulta curiosa. Un inversor tecnológico y un ejecutivo que convirtió el entretenimiento en una gigantesca industria global se encuentran ahora al frente de una franquicia cuya materia prima es, en buena medida, la misma: una marca capaz de generar atención en todo el mundo.

Los nuevos propietarios ya dejaron claro que pretenden respetar el legado construido por Jerry y Jeanie Buss. Su promesa es mantener a los Lakers compitiendo al máximo nivel y fortalecer el vínculo entre el equipo, sus aficionados y la ciudad de Los Ángeles.

Pero el cambio de propietario llega en un momento deportivo particularmente interesante.

Los Lakers acaban de perder a LeBron James, que dejó la franquicia para continuar su carrera en Philadelphia. El liderazgo deportivo quedó alrededor de Luka Dončić, que se convirtió en la gran figura sobre la que el equipo deberá construir su próximo capítulo.

Eso significa que Iger y Kushner no compran simplemente una máquina comercial funcionando a toda velocidad. También reciben un desafío deportivo.

Los Lakers tienen 17 campeonatos de la NBA y están entre las franquicias más exitosas de la historia. Pero el último título llegó en 2020 y, después de la salida de LeBron, la pregunta inevitable es cómo volver a construir un equipo capaz de pelear por otro campeonato.

Ahí estará buena parte de la prueba para los nuevos dueños.

Porque comprar a los Lakers por 12.500 millones de dólares es difícilmente la parte complicada. Lo verdaderamente difícil será administrar una institución que no puede conformarse con ser rentable o famosa: en Los Ángeles, los Lakers están obligados por su propia historia a competir.

La operación también muestra hasta qué punto cambió la economía del deporte profesional.

Hace apenas unos años, una franquicia de la NBA valuada en varios miles de millones parecía una excepción. Ahora, los valores se multiplican. Los Celtics fueron vendidos el año pasado por una cifra superior a los 6.000 millones de dólares, mientras que Michael Jordan había vendido su participación mayoritaria en los Charlotte Hornets por unos 3.000 millones en 2023.

Los Lakers juegan en otra escala.

Y quizás ahí esté la noticia más importante. El básquet profesional dejó hace tiempo de ser solamente un espectáculo deportivo. Las grandes franquicias son activos financieros, plataformas de entretenimiento, marcas internacionales y espacios de influencia cultural.

En ese mundo, una camiseta puede valer millones. Un jugador puede convertirse en una marca mundial. Y una franquicia puede aumentar su valoración en 2.500 millones de dólares en poco más de un año.

La familia Buss convirtió a los Lakers en una institución de Los Ángeles. Walter los convirtió durante un breve período en una inversión todavía más valiosa. Ahora Kushner e Iger intentarán transformar ese valor en una nueva etapa.

La pelota, como siempre, terminará dando el veredicto más sencillo.

Los millones pueden comprar una franquicia.

Pero todavía no compran un campeonato.