Hace 25 años llegó a Neuquén desde Trelew para estudiar Turismo. En el camino descubrió que la cordillera podía ser mucho más que un destino: podía convertirse en una profesión, una escuela y una manera de mirar el mundo. Hoy, desde Centenario y al frente de Pioneros Trek, acompaña a otras personas en ese mismo descubrimiento.
Hay personas que llegan a un lugar por una decisión y terminan encontrando allí una vida que no habían imaginado.
A Lucas Puerta le pasó algo parecido.
Hace un cuarto de siglo llegó a Neuquén desde Trelew para estudiar Turismo. La cordillera estaba ahí, como parte del paisaje cotidiano, pero con el tiempo dejó de ser simplemente el fondo de una postal. Se transformó en un territorio para aprender, caminar, compartir y desafiarse.
También en una profesión.
Hoy Puerta vive en Centenario y está al frente de Pioneros Trek, un emprendimiento dedicado al trekking y al montañismo. Como guía de montaña habilitado por el Ministerio de Turismo de Neuquén, acompaña a quienes quieren acercarse a esos paisajes y, al mismo tiempo, aprender a transitarlos de manera responsable y segura.
Su historia tiene algo de esas geografías que no se descubren de una sola vez.
La montaña exige tiempo.
Hay que caminarla para conocerla, aprender a leer sus cambios, entender el clima, respetar sus ritmos y aceptar que no siempre se llega hasta donde uno había planeado. Quizás por eso Puerta entiende el montañismo no solamente como una actividad física, sino como una experiencia capaz de modificar la manera en que una persona se relaciona consigo misma y con el entorno.
“Cada vez más personas puedan acercarse a la montaña como una experiencia transformadora”, es el sueño que resume su mirada.
La frase podría parecer sencilla, pero detrás hay una concepción del turismo bastante diferente de la idea de visitar un lugar, sacar algunas fotografías y continuar viaje.
En este caso, el destino importa.
Pero también importa lo que ocurre durante el camino.
Pioneros Trek nació alrededor de esa idea. La propuesta incluye actividades de trekking y montañismo, pero también una Escuela de Montañismo que busca que quienes participan puedan desarrollar conocimientos y autonomía para desenvolverse en ambientes naturales. El proyecto contempla entrenamientos semanales, talleres especializados y salidas para distintos niveles.
Es una forma de entender la montaña como aprendizaje.
Y también como comunidad.
Porque quienes frecuentan estos espacios suelen descubrir que llegar a una cumbre no es solamente cuestión de resistencia individual. Hay planificación, compañerismo, conocimiento del territorio y una relación permanente con las condiciones naturales.
La montaña obliga, de alguna manera, a bajar el volumen del mundo.
En la ciudad todo parece urgente. Los mensajes llegan, las pantallas reclaman atención y los horarios organizan casi cada minuto. En cambio, en un sendero el tiempo tiene otra medida. Hay que observar dónde se pisa, escuchar el clima, calcular las fuerzas y prestar atención a quienes caminan alrededor.
Quizás ahí esté parte del atractivo que Puerta encontró hace 25 años.
La montaña no ofrece demasiadas respuestas rápidas.
Obliga a estar presente.
Su recorrido también habla de una transformación más amplia del turismo neuquino. La provincia tiene en sus paisajes cordilleranos uno de sus principales atractivos, pero el desafío no consiste solamente en atraer visitantes. También implica generar experiencias, formar prestadores, cuidar los ambientes naturales y construir una relación responsable entre quienes llegan y los territorios que los reciben.
En ese sentido, los guías cumplen un papel que va bastante más allá de mostrar un camino.
Son intérpretes del paisaje.
Conocen sus dificultades y sus posibilidades. Enseñan cómo moverse y, sobre todo, transmiten una forma de relacionarse con un ambiente que no puede tratarse como un escenario descartable.
Porque una montaña no es solamente aquello que aparece detrás de una fotografía.
Es un ecosistema.
Es territorio.
Es memoria.
Y también es una oportunidad para construir una actividad turística que tenga en cuenta la conservación y el vínculo con las comunidades locales.
La historia de Puerta tiene, además, una dimensión profundamente personal. Lo que comenzó como una llegada a Neuquén para estudiar terminó convirtiéndose en una identidad profesional. Aquella decisión de hace 25 años encontró en la cordillera una respuesta que probablemente no estaba escrita en ningún plan de estudios.
A veces una profesión aparece de esa manera.
No como una elección definitiva tomada frente a un escritorio, sino como algo que se va construyendo mientras uno camina.
Hoy, cada sendero vuelve a contar un poco de esa historia.
Hay personas que llegan buscando una excursión y terminan encontrando otra forma de mirar el paisaje. Otras buscan superar un desafío personal. Algunas simplemente quieren alejarse durante unas horas del ruido cotidiano.
Puerta quiere que todas puedan descubrir algo más.
Que la montaña no termine cuando se alcanza la cumbre.
Que lo aprendido allí acompañe también el regreso.
Porque quizás esa sea la verdadera medida de una experiencia transformadora: no solamente cuánto tiempo permanecemos en un lugar, sino qué parte de ese lugar nos llevamos cuando volvemos a casa.
Hace 25 años, Lucas Puerta llegó a Neuquén para estudiar Turismo.
La montaña hizo el resto.
Y desde entonces, entre senderos, cumbres y amaneceres cordilleranos, convirtió aquella primera curiosidad en una forma de vida.