River ganó en el debut de Ponzio y encontró un poco de aire en medio de la tormenta

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El Millonario venció 3-2 a Banfield en el Florencio Sola por la séptima fecha del Torneo Clausura y Leonardo Ponzio comenzó su ciclo como entrenador con una victoria. Driussi, Almada y Correa marcaron para River, mientras que Sepúlveda descontó dos veces para mantener el suspenso hasta el final.

River necesitaba ganar. No por una cuestión matemática solamente, sino porque después de semanas de malos resultados el equipo necesitaba recuperar algo que el fútbol argentino suele quitar rápido: tranquilidad.

El triunfo por 3-2 frente a Banfield, en el estadio Florencio Sola, no resolvió todos los problemas del Millonario, pero sí consiguió algo importante: darle a Leonardo Ponzio un comienzo ganador en su estreno como entrenador interino.

El contexto no era sencillo. La salida de Eduardo Coudet llegó después de una eliminación dolorosa en la Copa Sudamericana y de una campaña irregular en el Torneo Clausura. River había quedado obligado a cambiar de entrenador antes de que terminara de acomodarse el proyecto y puso al frente del equipo a uno de sus grandes referentes de los últimos años.

Ponzio conoce River desde adentro.

Ahora le toca conocerlo desde el banco.

Y el primer examen terminó con tres puntos.

El equipo de Núñez salió a buscar el partido desde el comienzo y encontró su premio a los 32 minutos. Thiago Almada recibió y asistió a Sebastián Driussi, que definió con un remate cruzado para poner el 1-0.

El gol permitió que River jugara con algo más de soltura y, antes del descanso, llegó el segundo.

Almada tuvo la posibilidad desde el punto penal y, después de una primera ejecución que fue anulada por invasión, volvió a hacerse cargo. En el segundo intento no falló y amplió la ventaja.

2-0.

Parecía que River había conseguido algo más que una diferencia: parecía haber encontrado un partido relativamente controlado.

Pero Banfield no tenía pensado colaborar con la calma visitante.

En el segundo tiempo, Bruno Sepúlveda apareció para descontar y devolverle vida al conjunto dirigido por Pedro Troglio. El Taladro encontró espacios y empezó a jugar un partido diferente, mucho más incómodo para River.

La respuesta del Millonario llegó rápidamente.

Ángel Correa aprovechó una pelota suelta dentro del área y marcó el 3-1. River volvía a tener dos goles de ventaja y parecía encaminar definitivamente la noche.

Parecía.

A pocos minutos del final, Sepúlveda volvió a aparecer y convirtió el segundo tanto de Banfield. El 3-2 cambió nuevamente el escenario y obligó a River a defender la diferencia hasta el último instante.

El conjunto local tuvo sus oportunidades para empatar y llegó incluso a estrellar una pelota en el travesaño en el tiempo agregado. El partido terminó con River resistiendo y con Ponzio celebrando su primera victoria como entrenador.

El resultado importa por los tres puntos, pero también por el momento en el que llega.

River venía de una eliminación internacional y de un ciclo técnico que duró poco. La salida de Coudet había profundizado una crisis que ya excedía un resultado puntual: el equipo no encontraba regularidad y la presión sobre la dirigencia y los jugadores había aumentado considerablemente.

En ese contexto, Ponzio apareció como una figura capaz de ofrecer algo que el club necesitaba con urgencia: tiempo.

El exmediocampista no llegó con la obligación de construir inmediatamente un equipo definitivo. Su misión inicial es ordenar, recuperar confianza y permitir que River vuelva a competir mientras la dirigencia define el próximo paso.

El triunfo ante Banfield ayuda.

Pero también dejó señales que Ponzio deberá atender.

River convirtió tres goles y durante varios pasajes mostró una mejor versión ofensiva. Almada volvió a ser importante, Driussi encontró el arco y Correa también apareció en el momento indicado.

Pero recibir dos goles después de haber sacado una ventaja de 3-1 demuestra que todavía existen problemas defensivos y de control de los partidos.

Un equipo que pretende pelear arriba no puede depender siempre de llegar al final con el corazón en la mano.

Aunque esta vez alcanzó.

River consiguió una victoria que puede funcionar como punto de partida. No significa que la crisis haya desaparecido ni que Ponzio haya encontrado mágicamente todas las respuestas. El fútbol tiene la costumbre de desmentir esas conclusiones una fecha después.

Pero el escenario cambió.

Ahora hay tres puntos.

Hay una actuación con momentos interesantes.

Y, sobre todo, hay una sensación que River necesitaba recuperar: la de poder terminar un partido festejando.

El próximo desafío será ante Independiente Rivadavia en el Monumental, el domingo 6 de septiembre. Allí Ponzio tendrá una prueba diferente: jugar en casa, con otra presión y frente a una hinchada que espera señales de recuperación después de semanas complicadas.

La victoria ante Banfield no alcanza para borrar lo ocurrido.

Pero puede servir para empezar a escribir otra historia.

River no solucionó su crisis en 90 minutos, pero consiguió algo que parecía urgente: ganar. Para Ponzio, el debut fue con una sonrisa; para el equipo, una bocanada de aire. Ahora tendrá que demostrar que no fue apenas un alivio pasajero, sino el primer paso hacia una recuperación que el club necesita.