Los grupos de compraventa e intercambio de remedios volvieron a crecer en redes sociales ante el aumento de los precios y la caída del consumo, en un fenómeno que especialistas vinculan con situaciones similares a las de la crisis de 2001.
La crisis económica empieza a mostrar una de sus caras más sensibles: la dificultad para acceder a medicamentos. En distintas ciudades del país volvieron a aparecer con fuerza grupos en redes sociales donde las personas ofrecen, intercambian o buscan remedios que no pueden comprar por los canales habituales.
El fenómeno recupera una práctica que parecía haber quedado relegada a los peores años de la crisis social. Desde el sector farmacéutico señalaron que este tipo de mecanismos no tomaba una dimensión similar desde 2001, cuando miles de familias encontraron en el trueque una forma de afrontar la pérdida de ingresos y el deterioro de las condiciones de vida.
Los grupos funcionan principalmente a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería. Allí, personas que necesitan determinados tratamientos intentan conseguirlos mediante intercambios o a través de otros usuarios que tienen medicamentos que ya no utilizan. En muchos casos, los productos provienen de muestras médicas o de tratamientos que quedaron sin uso.
La situación contrasta con la evolución de la industria farmacéutica. Mientras la facturación real del sector aumentó un 14% desde la llegada de Javier Milei al Gobierno y alcanzó el máximo de la serie mencionada por el medio, el consumo en unidades siguió cayendo. Durante 2025 se comercializaron 5,4 millones de medicamentos menos que en 2023.
El problema se vuelve todavía más evidente cuando se observa la distancia entre los precios de los remedios y los ingresos de los hogares. La liberación de precios, el aumento del costo de los tratamientos y los recortes en programas de asistencia se combinaron con una pérdida de poder adquisitivo que golpea especialmente a quienes necesitan medicación de manera permanente.
Incluso un informe elaborado por el propio Gobierno encontró diferencias importantes entre los precios argentinos y los de otros países. El relevamiento comparó 17 principios activos de uso frecuente y concluyó que los medicamentos analizados eran más caros en Argentina en alrededor del 90% de las comparaciones.
Los ejemplos son contundentes. La levotiroxina, la atorvastatina y la metformina presentaron diferencias significativas respecto de los valores registrados en Brasil, España, Estados Unidos, Francia e India. En algunos casos, el costo argentino multiplicó varias veces el precio de referencia internacional.
A la presión de los precios se suma el retroceso de la cobertura. Según el ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, 1,2 millones de personas dejaron de contar con cobertura desde el cambio de Gobierno y pasaron a depender de un sistema público que también enfrenta una mayor demanda.
El resultado es una escena difícil de ignorar: mientras las empresas farmacéuticas aumentan su facturación, una parte de la población reduce la cantidad de medicamentos que compra o busca alternativas informales para conseguirlos. El dato económico termina transformándose así en un problema cotidiano de acceso a la salud.
Que vuelvan los grupos de trueque de medicamentos no es solamente una curiosidad de las redes sociales. Es una señal de que el deterioro del ingreso puede alcanzar un límite especialmente delicado cuando obliga a las familias a buscar por fuera del circuito formal aquello que necesitan para sostener sus tratamientos. Y cuando los remedios empiezan a circular como moneda de intercambio, la crisis deja de ser una cifra y se convierte en una experiencia concreta de todos los días.