La compañía afirma que un sistema de inteligencia artificial logró demostrar una singularidad en las ecuaciones de Navier-Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio, después de casi 90 años sin una solución. El anuncio todavía deberá atravesar el examen de la comunidad matemática.
OpenAI anunció un resultado que, de confirmarse, marcaría un antes y un después en la historia de la inteligencia artificial y las matemáticas: uno de sus sistemas habría resuelto el problema de existencia y suavidad de las ecuaciones de Navier-Stokes, una de las grandes preguntas abiertas de la ciencia matemática desde hace casi un siglo.
Las ecuaciones de Navier-Stokes permiten describir cómo se mueven los fluidos, desde el aire y el agua hasta fenómenos utilizados en el diseño de aviones, la predicción meteorológica y el estudio del flujo sanguíneo. El desafío consistía en determinar si, partiendo de un movimiento inicialmente suave, las ecuaciones podían desarrollar una singularidad en un tiempo finito.
OpenAI sostiene que su sistema encontró precisamente ese escenario. La solución propuesta describe un vórtice que se concentra y se estira cada vez más hasta que la velocidad del fluido crece sin límite, mientras la energía permanece finita. En términos matemáticos, eso significaría que las ecuaciones pueden dejar de ofrecer una descripción regular del movimiento del fluido.
El problema forma parte de los siete Problemas del Milenio seleccionados en 2000 por el Clay Mathematics Institute. Cada uno fue acompañado por un premio de un millón de dólares para una solución aceptada. OpenAI, sin embargo, aseguró que no pretende reclamar ese dinero por su resultado.
Para llegar a la demostración, la empresa utilizó un sistema interno coordinado con alrededor de 10.000 agentes de inteligencia artificial que trabajaron en paralelo. Según OpenAI, los agentes llegaron a la solución después de unas 88 horas de trabajo y posteriormente utilizaron otras 17 horas para formalizarla y verificarla mediante Lean, un lenguaje utilizado para comprobar demostraciones matemáticas.
El anuncio, sin embargo, no significa que la comunidad científica ya haya dado por cerrado el problema. La empresa publicó su demostración y una formalización para que pueda ser examinada, pero una afirmación de esta magnitud necesita una revisión independiente y detallada antes de convertirse en un consenso matemático.
Además, el supuesto avance quedó rodeado de una discusión sobre autoría y uso de información. El matemático Tristan Buckmaster, de la Universidad de Nueva York, cuestionó el proceso después de trabajar junto con Levent Alpöge, investigador vinculado a Anthropic, en problemas relacionados. OpenAI negó haber utilizado directamente ese trabajo, aunque reconoció que no puede descartar que datos desidentificados provenientes del uso de sus productos hayan contribuido indirectamente al entrenamiento de sus modelos.
La controversia abre una pregunta que va más allá de Navier-Stokes. Si una inteligencia artificial puede encontrar demostraciones que durante décadas escaparon a los matemáticos, también habrá que discutir cómo se reconoce la autoría, cómo se verifica una prueba producida por máquinas y cuánto de ese conocimiento puede ser realmente comprendido por quienes lo desarrollan.
Por ahora, la palabra más importante es “asegura”. OpenAI presentó una demostración que considera suficiente para resolver uno de los problemas matemáticos más difíciles del mundo, pero el resultado todavía debe ser sometido al juicio de otros especialistas. Si finalmente supera esa prueba, no será solamente una victoria para una empresa tecnológica: será una señal de que la inteligencia artificial empezó a entrar en un territorio que durante siglos parecía reservado exclusivamente al razonamiento humano.