El conflicto iniciado en febrero generó un fuerte impacto sobre las cuentas estadounidenses y podría sumar hasta US$3.000 millones por mes si continúa, mientras el desgaste de las reservas militares y el aumento de los precios energéticos agregan nuevas presiones.
La guerra entre Estados Unidos e Irán ya representa un costo de alrededor de US$38.000 millones para Washington, según una estimación de la Oficina de Presupuesto del Congreso estadounidense. El cálculo contempla los gastos acumulados hasta agosto y muestra cómo un conflicto que comenzó en febrero continúa generando una fuerte presión sobre las finanzas públicas.
El monto podría seguir creciendo. La Oficina de Presupuesto proyecta que mantener las operaciones militares podría sumar entre US$2.000 y US$3.000 millones adicionales por mes, dependiendo de la intensidad de los enfrentamientos. La estimación tampoco incluye todos los costos futuros vinculados con intereses, reparaciones y otras consecuencias de largo plazo.
Una parte importante del gasto está relacionada con las municiones utilizadas durante las operaciones y con la reposición del equipamiento militar perdido o dañado. Un informe del inspector general del Pentágono había calculado previamente unos US$33.400 millones de gastos hasta finales de junio, antes de que se incorporaran costos posteriores.
El impacto no se limita al dinero. Los informes oficiales también señalan dificultades para reponer determinados sistemas de armamento y municiones. El Pentágono enfrenta cuellos de botella en algunas cadenas de producción, mientras las autoridades estadounidenses buscan recuperar las reservas utilizadas durante los meses de combate.
La guerra también provocó daños en instalaciones militares y diplomáticas estadounidenses en Medio Oriente. El inspector general del Pentágono registró daños importantes en distintas bases y estimó además pérdidas relacionadas con aeronaves y otros equipos utilizados durante el conflicto.
A esa factura se suma el impacto sobre la economía estadounidense. La interrupción del transporte de petróleo y gas a través de rutas estratégicas de Medio Oriente contribuyó al aumento de los precios energéticos. La Oficina de Presupuesto calcula que las consecuencias del conflicto podrían sumar alrededor de medio punto porcentual a la inflación durante comienzos de 2027.
El conflicto también vuelve a poner en discusión la capacidad militar estadounidense para afrontar otros escenarios simultáneamente. Los informes señalan que el desgaste de determinadas reservas podría complicar la respuesta ante una eventual crisis en otras regiones, particularmente frente a las preocupaciones estratégicas de Washington relacionadas con China y Taiwán.
Mientras tanto, la administración de Donald Trump sostiene que las operaciones militares son necesarias para la seguridad nacional y rechaza algunas de las conclusiones sobre el supuesto agotamiento de las reservas. Desde el Pentágono se cuestionaron las afirmaciones sobre una falta generalizada de municiones, aunque los informes oficiales reconocen problemas específicos de abastecimiento.
El costo de la guerra se convirtió así en una nueva dimensión del conflicto. A los daños materiales y humanos se suma una factura que crece cada mes y que podría seguir aumentando mientras continúen las operaciones. En una economía estadounidense que ya carga con una deuda federal superior a los US$40 billones, el impacto financiero de la guerra agrega otra presión sobre las cuentas públicas.
Más de seis meses después del comienzo de la ofensiva, la cifra de US$38.000 millones muestra que las guerras también se libran en los presupuestos. Y mientras el conflicto siga abierto, Washington deberá afrontar no solamente el costo de las operaciones actuales, sino también el de reconstruir sus reservas militares y absorber las consecuencias económicas que se extienden mucho más allá del campo de batalla.