Los ingresos laborales de los trabajadores no registrados aumentaron apenas 5% interanual durante el segundo trimestre de 2026, mientras que la inflación porteña llegó al 32,7%. El deterioro fue mucho mayor que entre los asalariados formales y los trabajadores por cuenta propia.
Los ingresos de los hogares porteños quedaron por debajo de la inflación durante el segundo trimestre de 2026 y el mayor deterioro se concentró entre quienes trabajan en la informalidad. Los datos del Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires muestran que los asalariados no registrados tuvieron un ingreso promedio de $925.126, con una suba interanual de apenas 5%. Frente a una inflación del 32,7%, la pérdida de poder adquisitivo alcanzó los 27,7 puntos porcentuales.
El contraste se vuelve más evidente al observar el resto de los trabajadores. Los asalariados formales tuvieron un ingreso promedio de $1.866.917 y una mejora nominal del 29,6% en un año. Aunque también quedaron por debajo del aumento de los precios, la diferencia fue de 3,1 puntos. Entre los trabajadores por cuenta propia, el ingreso promedio llegó a $1.363.553, con una suba del 8,6%, lo que implicó un rezago de 24,1 puntos frente a la inflación.
El deterioro también aparece en el conjunto de los ingresos. El ingreso total familiar promedio fue de $2.574.523, un 27,1% más que un año antes, mientras que el ingreso per cápita familiar alcanzó los $1.357.848, con una variación del 26,9%. En ambos casos, las cifras quedaron por debajo del incremento de los precios registrado en la Ciudad.
La situación de los trabajadores informales adquiere especial importancia porque se trata de un sector que no cuenta con las mismas herramientas de protección que tienen los empleos registrados. La ausencia de convenios colectivos, aportes y otros mecanismos propios del empleo formal deja a estos trabajadores más expuestos cuando los ingresos pierden terreno frente al costo de vida.
El dato porteño también contrasta con el último índice salarial nacional publicado por el INDEC. Para julio, el organismo informó que los salarios de los trabajadores privados no registrados habían aumentado 59,9% interanual. La diferencia entre ambas mediciones no implica por sí sola que una de ellas sea correcta y la otra incorrecta: utilizan relevamientos y metodologías diferentes, algo que vuelve relevante analizar qué está captando cada indicador.
En el caso del INDEC, el índice de salarios se construye a partir de distintas fuentes, mientras que la información de la Ciudad surge de su relevamiento sobre los ingresos de los hogares. Además, el organismo nacional introdujo modificaciones en la Encuesta Permanente de Hogares para captar con mayor precisión determinadas fuentes de ingresos no laborales, entre ellas prestaciones sociales y programas estatales.
Más allá de las diferencias estadísticas, los datos porteños muestran que el problema no se limita al nivel de los salarios sino también a la cantidad de trabajo que necesitan los hogares para sostener sus ingresos. El 13,3% de la población ocupada de la Ciudad, unas 214.000 personas, tenía más de una ocupación y trabajaba en promedio 47 horas semanales sumando todas sus actividades.
La presión sobre los ingresos también aparece en las estrategias que utilizan las familias para afrontar los gastos cotidianos. El relevamiento indicó que el 51,6% de los hogares porteños recurrió a préstamos o financiamiento con tarjeta de crédito durante el mes anterior, mientras que el 35,6% utilizó ahorros para cubrir sus necesidades.
El mapa de ingresos, además, muestra fuertes diferencias dentro de la propia Ciudad. Los hogares de la Zona Norte registraron un ingreso per cápita familiar promedio de $1.709.320, mientras que en la Zona Sur fue de $976.909. En la Zona Centro, el promedio alcanzó los $1.361.180. La brecha territorial muestra que la evolución de los ingresos tampoco se distribuye de manera uniforme entre los distintos sectores sociales.
También persiste una diferencia importante entre varones y mujeres. En la ocupación principal, los varones tuvieron un ingreso promedio de $1.865.807 frente a $1.455.913 de las mujeres, una brecha del 22%. Si se observa exclusivamente a los asalariados, la diferencia fue del 17,7%.
En el extremo inferior de la distribución, el 30% de los hogares con menores ingresos per cápita concentró apenas el 13,9% de la masa total de ingresos. En cambio, el 30% de mayores ingresos reunió el 50,7%. El coeficiente de Gini, utilizado para medir la desigualdad, mostró una leve mejora interanual, al pasar de 0,424 a 0,415.
El cuadro general deja una economía porteña atravesada por una recuperación desigual. Mientras algunos ingresos lograron acercarse al ritmo de los precios, quienes trabajan en la informalidad quedaron mucho más atrás. El dato central no está solamente en cuánto aumentó cada salario en términos nominales, sino en cuánto puede comprar ese ingreso después de atravesar el aumento del costo de vida. En ese terreno, el segundo trimestre dejó una pérdida especialmente marcada para los trabajadores no registrados.