El consumo de lácteos vuelve a enfriarse y la recuperación todavía no alcanza

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Las ventas de productos lácteos retrocedieron en agosto y, aunque muestran una mejora frente al año pasado, todavía permanecen por debajo de los niveles de 2022. La leche fluida es uno de los productos que más refleja el cambio en los hábitos de consumo.

El consumo de lácteos volvió a mostrar señales de enfriamiento en agosto. Las ventas del sector cayeron 0,4% frente a julio y, si se mide el volumen en litros de leche equivalente, la baja alcanzó el 3,4%. El dato aparece en un mercado que logró recuperar parte del terreno perdido durante los últimos años, pero que todavía está lejos de volver a los niveles anteriores.

El informe del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) muestra una fotografía con varios matices. En la comparación con agosto de 2025, las ventas crecieron 4,4% en volumen de productos y 1,6% en litros de leche equivalente. En el acumulado de enero a agosto, la mejora fue de 1,3% y 0,3%, respectivamente.

El problema aparece cuando se amplía la mirada. La recuperación no se distribuye de la misma manera entre todos los productos y, en particular, la leche fluida mantiene una tendencia descendente de largo plazo.

La evolución de las ventas durante los últimos diez años muestra una reducción del volumen comercializado de leche fluida, tanto refrigerada como no refrigerada. También cambió la composición de las compras: las leches no refrigeradas fueron ganando espacio frente a las refrigeradas, aunque con algunos movimientos intermedios durante el período.

Detrás de esos números aparece una transformación en la forma en que los hogares deciden qué llevar a la mesa. Cuando el presupuesto se vuelve más ajustado, el precio adquiere un peso mayor y algunos productos pierden espacio frente a alternativas consideradas más accesibles.

El fenómeno se observa también en las leches saborizadas y chocolatadas. Después de haber registrado una fuerte expansión durante 2021 y 2022, las ventas de estas categorías cayeron 43,1% en 2024. Posteriormente comenzaron a recuperarse, con subas de 27,2% en 2025 y 17,4% en 2026, aunque todavía sin alcanzar los niveles de 2022.

Los yogures, flanes y postres siguen una trayectoria parecida, aunque con una caída menos pronunciada. La recuperación existe, pero todavía no alcanza para reconstruir el nivel de consumo que tenían antes del cambio de ciclo.

Los quesos presentan otra dinámica. El volumen comercializado logró recuperarse y se convirtió en uno de los principales motores del crecimiento dentro del mercado interno, junto con las exportaciones. Pero incluso allí aparece una modificación en las preferencias de los consumidores.

El mayor volumen de ventas estuvo acompañado por ofertas y promociones. Ganaron terreno los productos fraccionados y de menor precio, mientras que las especialidades perdieron participación frente a variedades más básicas. En otras palabras, no solamente importa cuánto se compra, sino también qué se compra.

La diferencia puede parecer pequeña cuando se observa una estadística mensual, pero adquiere otra dimensión al mirar la serie completa. El índice elaborado para el período enero-agosto, con base 100 en 2022, muestra el fuerte impacto de la caída registrada en 2024 y una recuperación posterior que todavía no permitió regresar al punto de partida.

Según el OCLA, la caída de 2024 representó 13,2 puntos en ese índice. En 2025 hubo una recuperación de 7,5% y durante 2026 se sumó otro avance de 1,4%. El camino de regreso, sin embargo, todavía no está terminado.

El comportamiento del consumo lácteo también forma parte de una tendencia más amplia. Los datos oficiales muestran que las ventas en supermercados a precios constantes registraron en julio una caída interanual del 2,1%, mientras que el acumulado enero-julio descendió 2,7%. Es decir, la discusión sobre los lácteos ocurre dentro de un escenario de consumo que todavía presenta dificultades para consolidar una recuperación sostenida.

Al mismo tiempo, la Secretaría de Agricultura informó que el consumo de leche durante los primeros ocho meses de 2026 había aumentado respecto del mismo período del año anterior. Esa diferencia no necesariamente contradice los datos del OCLA: las mediciones utilizan metodologías y universos diferentes, por lo que permiten observar dimensiones distintas del mercado.

Lo que sí aparece con claridad es un cambio en el comportamiento del consumidor. Las familias no necesariamente dejaron de comprar todos los lácteos, pero las decisiones de compra se volvieron más sensibles al precio. Las promociones, los productos básicos y las presentaciones más accesibles ganaron importancia frente a opciones de mayor valor agregado.

En la góndola, la economía cotidiana suele expresarse sin grandes discursos. Se ve en la marca elegida, en el tamaño del envase, en la promoción aprovechada y en aquello que queda para la próxima compra.

El mercado lácteo argentino puede mostrar algunos signos de recuperación, pero los números de agosto recuerdan que recuperar volumen no significa necesariamente recuperar los hábitos de consumo de otros años. La leche y otros productos todavía cargan con una historia reciente de retroceso, mientras los hogares continúan adaptando sus compras a un presupuesto que obliga a elegir con más cuidado.