La aerolínea low cost solicitó el concurso preventivo para reestructurar sus deudas y evitar una eventual quiebra. La presentación judicial llega después de una fuerte caída de las operaciones, reclamos de pasajeros y trabajadores, embargos y una reducción drástica de su participación en el mercado aerocomercial argentino.
Flybondi llegó a un punto crítico. Después de meses atravesados por cancelaciones, dificultades financieras y una reducción progresiva de sus operaciones, la compañía solicitó el concurso preventivo de acreedores. La presentación fue realizada el 2 de octubre por FB Líneas Aéreas S.A., la sociedad que opera la marca, y el expediente quedó radicado en el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N° 24.
El concurso preventivo no significa que la empresa haya quebrado. Se trata de un mecanismo judicial mediante el cual una compañía que enfrenta dificultades para cumplir con sus obligaciones puede ordenar sus deudas y negociar con sus acreedores bajo supervisión de la Justicia. En el caso de Flybondi, el objetivo es encontrar una salida que permita reestructurar sus pasivos y evitar un desenlace más grave.
El problema es que la presentación llega cuando la operación de la aerolínea se encuentra prácticamente paralizada. Flybondi lleva 57 días sin realizar vuelos y actualmente conserva tres aeronaves en el país, todas fuera de servicio comercial. Otras diez fueron devueltas a sus propietarios o lessors.
La caída de la actividad puede medirse con un dato contundente. En agosto de 2025, Flybondi había transportado 254.533 pasajeros de cabotaje y concentraba alrededor del 17% del mercado doméstico. Un año después, en agosto de 2026, trasladó apenas 1.865 pasajeros y su participación había descendido al 0,1%.
La diferencia resulta todavía más significativa porque el mercado aerocomercial argentino no atravesó durante ese período una caída equivalente. Durante el primer semestre de 2026 se registraron más de 24,5 millones de pasajeros en los aeropuertos del país, mientras que durante los primeros ocho meses la cifra acumulada superó los 33 millones. La crisis de Flybondi aparece así como un problema particularmente concentrado en la compañía.
El deterioro venía acumulándose desde meses atrás. La empresa había reducido vuelos, devuelto aeronaves y atravesado dificultades relacionadas con la disponibilidad de su flota. Desde el 1° de julio, un relevamiento citado en los informes sobre la situación de la compañía indicó que Flybondi habría realizado apenas el 17,7% de los vuelos que tenía programados.
A la caída de las operaciones se sumó una larga lista de obligaciones pendientes. La compañía enfrenta reclamos de organismos públicos, proveedores, empresas vinculadas al mantenimiento y arrendamiento de aeronaves, trabajadores y pasajeros. También se registraron embargos y ejecuciones fiscales vinculados con deudas acumuladas.
El frente laboral es otra de las partes más sensibles de la crisis. Durante los últimos meses, Flybondi redujo su plantilla mediante despidos y retiros voluntarios. Representantes de los trabajadores señalaron que alrededor de 1.000 familias se vieron afectadas por reclamos relacionados con indemnizaciones, retiros voluntarios y salarios adeudados.
También los pasajeros quedaron atrapados en el deterioro de la operación. Las cancelaciones acumuladas durante 2026 generaron miles de reclamos y pedidos de devolución de dinero. Según relevamientos citados por medios que siguen el caso, la cantidad de vuelos cancelados durante el año rondaría los 2.400, con cientos de miles de pasajeros afectados.
El escenario también alcanzó a Brasil. Las autoridades de ese país habían impuesto restricciones a la venta de pasajes de Flybondi después de registrar una elevada proporción de cancelaciones en las rutas que conectaban con Argentina. El episodio agregó presión sobre una empresa que durante los últimos años había buscado ampliar su presencia tanto en el mercado doméstico como regional.
El contraste resulta difícil de ignorar. Flybondi había sido uno de los símbolos de la expansión del modelo low cost en Argentina y llegó a convertirse en uno de los principales actores del mercado de cabotaje. Su crecimiento estuvo asociado con una mayor oferta de rutas y con la incorporación de nuevos pasajeros al transporte aéreo.
Ahora, esa historia enfrenta una crisis profunda.
El concurso preventivo abre una etapa diferente. La compañía deberá presentar ante la Justicia información sobre su situación económica y financiera, mientras los acreedores tendrán que hacer valer sus respectivos reclamos dentro del proceso. La discusión central será si existe una estructura capaz de sostener una eventual recuperación de la actividad o si las dificultades acumuladas terminarán haciendo inviable la continuidad de la empresa.
Por ahora, el futuro de Flybondi permanece abierto. El pedido de concurso no implica por sí mismo el cierre de la aerolínea, pero tampoco resuelve el problema que llevó hasta allí. Para volver a volar de manera regular será necesario recuperar aeronaves, ordenar las obligaciones pendientes, recomponer relaciones con trabajadores y proveedores y recuperar la confianza de los pasajeros.
La historia de Flybondi muestra, en definitiva, que ampliar un mercado no garantiza por sí solo la supervivencia de cada empresa que participa de él. El transporte aéreo puede crecer en términos generales y, al mismo tiempo, una compañía puede quedar fuera de ese crecimiento.
Después de meses de cancelaciones y 57 días sin vuelos, la low cost que alguna vez buscó transformar el mapa aéreo argentino ahora enfrenta su propio desafío: demostrar que todavía puede despegar.