La obra, inspirada en el Apocalipsis de San Juan, fue creada por una quincena de artistas y escritores y cuenta con una cubierta de bronce de 150 kilos realizada por Salvador Dalí. El ejemplar fue robado durante la madrugada del lunes de un centro de arte de Issoire.
Hay libros que se leen. Y hay otros que parecen haber sido construidos para desafiar la propia idea de lo que puede ser un libro. En la localidad francesa de Issoire, en la región de Auvernia, uno de esos ejemplares desapareció durante la noche del domingo 4 al lunes 5 de octubre. No es un volumen cualquiera: pesa 210 kilos, reúne el trabajo de grandes artistas y escritores del siglo XX y tiene una cubierta de bronce diseñada por Salvador Dalí.
El robo ocurrió en el Centro de Arte Contemporáneo de Issoire, una galería situada en las afueras de la ciudad y dirigida por el coleccionista Christian Karoutzos, propietario de la pieza. La obra permanecía allí como parte de una exposición que debía continuar hasta finales de octubre. La Fiscalía de Clermont-Ferrand abrió una investigación y calificó al ejemplar como una pieza excepcional y única.
El protagonista de esta historia es el llamado “Libro del Apocalipsis”, una creación concebida a partir del texto del Apocalipsis de San Juan. El proyecto nació a fines de la década de 1950 por iniciativa de Joseph Foret, un vendedor de quesos de Auvernia apasionado por el arte que terminó convirtiéndose en editor. Su idea era ambiciosa: construir un libro extraordinario que reuniera a algunos de los principales nombres de la cultura europea de su tiempo.
Para hacerlo realidad convocó a siete pintores y siete escritores. Entre los artistas estuvieron Salvador Dalí, Léonard Foujita, Bernard Buffet, Georges Mathieu y Ossip Zadkine. En el apartado literario participaron figuras como Jean Cocteau, Jean Giono y Emil Cioran. Cada uno aportó su propia mirada sobre el texto bíblico y convirtió el proyecto en una obra colectiva que cruzaba literatura, pintura, caligrafía y artesanía.
Dalí tuvo un papel especialmente visible. El artista español diseñó y realizó la cubierta en bronce, incorporando oro, agujas y conchas. Solo esa parte pesa unos 150 kilos. El conjunto completo alcanza los 210 kilos, una dimensión que convirtió al ejemplar en una auténtica pieza monumental además de bibliográfica.
La elaboración llevó alrededor de tres años y fue realizada de manera artesanal. La calígrafa Micheline Nicolas trabajó sobre unos 200 pergaminos para incorporar los textos, mientras distintos artistas fueron sumando sus obras. Según información difundida sobre la pieza, el volumen desplegado alcanza unas dimensiones extraordinarias y requirió el trabajo de numerosos talleres especializados.
El libro fue presentado en 1961 en el Museo de Arte Moderno de París. Durante los años siguientes recorrió diferentes países y fue exhibido en numerosas muestras internacionales. Su historia, sin embargo, también estuvo marcada por las dificultades económicas de su creador: Foret terminó vendiéndolo en 1970 después de quedar arruinado.
Durante décadas, el rastro del ejemplar se perdió. La obra terminó en Japón, hasta que Christian Karoutzos logró recuperarla en 2003. El coleccionista, que dirige una empresa dedicada a la restauración de obras de arte, decidió adquirirla con la intención de preservar el conjunto y evitar que terminara separado entre distintos propietarios.
El valor económico de la pieza es difícil de establecer. Cuando fue creada, había sido estimada en dos millones de francos franceses, una cifra que en aquel momento la convirtió en el libro más caro del mundo. En la actualidad, distintas informaciones señalan que podría alcanzar un valor de varios millones de euros, aunque no existe una tasación pública definitiva sobre el ejemplar robado.
Ahora, además de su valor económico, lo que preocupa es la singularidad de la obra. No se trata simplemente de un objeto que pueda reemplazarse. Su importancia está en la combinación de autores, materiales y técnicas que confluyeron en un único ejemplar durante la segunda mitad del siglo XX.
El robo también vuelve a poner bajo la lupa la seguridad de los museos y centros de arte franceses. En los últimos meses, varias instituciones culturales del país fueron escenario de robos que generaron preocupación entre las autoridades y especialistas. Entre los casos más conocidos se encuentra el del Louvre, donde fueron sustraídas joyas de la corona francesa en octubre de 2025 y todavía no fueron recuperadas.
En Issoire, las preguntas recién empiezan. La investigación deberá determinar cómo fue sustraída una pieza de semejante tamaño y peso, quiénes participaron y cuál era el destino previsto para una obra que difícilmente pueda pasar inadvertida en el mercado del arte.
Mientras tanto, el “Libro del Apocalipsis” vuelve a convertirse, paradójicamente, en una historia sobre la desaparición. Una obra creada durante años para reunir distintas formas del arte quedó ahora reducida a una ausencia dentro de una sala de exposición. Y detrás de esa ausencia queda también una pregunta más amplia: cómo proteger piezas únicas cuando su valor no está solamente en lo que cuestan, sino en la historia irrepetible que contienen.