Una publicación en redes mostró los resultados que aparecen al buscar “Lula” y “Bolsonaro” en Instagram y generó críticas por la diferencia entre ambas búsquedas. Sin embargo, el caso también expone una particularidad del funcionamiento de las plataformas: que una cuenta oficial no aparezca entre los primeros resultados no significa que no exista.
Una captura de pantalla comenzó a circular en redes sociales con una comparación sencilla: buscar los nombres de Lula da Silva y Bolsonaro en Instagram. El resultado llamó la atención por la cantidad de perfiles que aparecen antes de llegar a una cuenta oficial, especialmente en el caso del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
La publicación plantea que, al escribir “Lula” en el buscador, aparecen numerosas cuentas de usuarios comunes antes de encontrar el perfil oficial. En la búsqueda de “Bolsonaro”, en cambio, aparecen rápidamente distintos perfiles vinculados al apellido y a integrantes de la familia del expresidente Jair Bolsonaro, entre ellos Flávio Bolsonaro.
Pero hay un dato importante que la captura por sí sola no permite comprobar: la cuenta oficial de Lula existe y utiliza el nombre de usuario @lulaoficial. El perfil está verificado y mantiene una presencia importante en Instagram. Registros públicos recientes sitúan su audiencia por encima de los 15 millones de seguidores.
Es decir, la imagen no demuestra que Instagram haya eliminado, ocultado o dejado fuera de la plataforma al perfil oficial del presidente brasileño. Lo que muestra es una determinada pantalla de resultados obtenida en un momento concreto y con un término específico de búsqueda.
La diferencia puede parecer menor, pero en las redes sociales el orden de aparición tiene importancia. Los buscadores internos de plataformas como Instagram no funcionan necesariamente como una lista alfabética. Los resultados pueden organizarse de acuerdo con distintos factores, entre ellos la coincidencia con el término buscado, la popularidad de una cuenta, la actividad del usuario, las interacciones previas y otros criterios propios del sistema de recomendación.
Por eso, buscar simplemente “Lula” no equivale necesariamente a buscar “@lulaoficial”. La cuenta oficial utiliza un nombre de usuario específico que no coincide exactamente con la palabra introducida en la captura.
El fenómeno también permite observar cómo las redes sociales se transformaron en una parte central de las campañas políticas. En Brasil, tanto Lula como Flávio Bolsonaro utilizan Instagram y otras plataformas digitales como espacios de comunicación directa con los votantes. Sus equipos publican discursos, recorridas, propuestas y mensajes de campaña sin depender exclusivamente de los medios tradicionales.
La importancia de esas plataformas quedó reflejada también en los gastos electorales. Un análisis publicado en agosto mostró que distintos candidatos presidenciales brasileños destinaron recursos a publicidad digital en Meta, la empresa propietaria de Instagram. Según esos datos, Lula había declarado pagos por 2,7 millones de reales a Meta hasta mediados de septiembre, mientras que Flávio Bolsonaro había declarado unos 900.000 reales.
En ese escenario, la visibilidad de una cuenta puede convertirse en una cuestión política. Si un candidato tiene millones de seguidores pero su perfil no aparece fácilmente cuando alguien introduce su nombre, la percepción del usuario puede ser muy diferente a la realidad de su presencia digital.
Eso es precisamente lo que vuelve llamativa la captura: no necesariamente porque pruebe una manipulación, sino porque muestra la distancia que puede existir entre lo que una plataforma presenta y lo que un usuario cree que debería presentar.
También hay una segunda particularidad. En la búsqueda de “Bolsonaro” aparecen numerosas cuentas relacionadas con distintos integrantes de la familia. El apellido funciona como una marca política reconocible y reúne perfiles de Jair, Flávio y otros miembros del entorno familiar, además de cuentas de simpatizantes y páginas que utilizan el nombre para diferentes objetivos.
Flávio Bolsonaro, además, tiene una cuenta propia identificada como @22flaviobolsonaro, que mantiene una actividad considerable en Instagram.
En el caso de Lula, en cambio, la cuenta oficial está asociada a un nombre de usuario diferente del término exacto utilizado en la búsqueda. La diferencia entre “Lula” y “lulaoficial” puede ser suficiente para alterar los resultados que presenta el buscador.
La escena tiene una lectura más amplia. Las redes sociales ya no son solamente lugares donde los políticos difunden información: también son espacios donde se construye la primera impresión de un candidato. El modo en que aparecen los nombres, las fotografías, los videos y las cuentas recomendadas puede influir en qué información encuentra primero una persona.
Pero esa influencia no debería confundirse automáticamente con censura o manipulación. Para sostener una acusación de ese tipo sería necesario contar con evidencia sobre el funcionamiento del algoritmo, sus criterios y las condiciones exactas de la búsqueda. Una captura aislada no alcanza para establecerlo.
Lo que sí deja en evidencia es otro problema contemporáneo: cada vez más parte de la conversación política ocurre detrás de algoritmos que el usuario común no puede ver. La pantalla muestra resultados, pero no explica por qué aparecen en ese orden.
En una campaña electoral marcada por la disputa entre Lula y Flávio Bolsonaro, esa cuestión adquiere todavía más relevancia. La batalla política no se juega solamente en los discursos, los actos y los debates televisivos. También se juega en una barra de búsqueda, en una recomendación automática y en los primeros perfiles que aparecen cuando alguien escribe un nombre.
La captura viral no demuestra por sí misma que Instagram esté ocultando la cuenta oficial de Lula. Pero sí deja una pregunta que va mucho más allá de esta elección: cuando una plataforma decide qué vemos primero, ¿cuánto de nuestra percepción política termina dependiendo de un algoritmo que casi nunca vemos funcionar?