La caída de las importaciones expone las dificultades de la economía argentina y complica el relato del Gobierno

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Las compras al exterior retrocedieron 1,8% interanual en septiembre, pero la caída fue mucho más pronunciada al medir las cantidades: 11,2%. El desplome de los bienes de capital y de las piezas para maquinaria vuelve a encender alertas sobre la inversión y la actividad, mientras el Gobierno atribuye parte de la desaceleración económica al contexto internacional.

La economía argentina enfrenta una señal de alerta que va más allá de los movimientos de los mercados financieros. En septiembre, las importaciones sumaron 7.060 millones de dólares y registraron una caída interanual del 1,8%, según los datos del INDEC. Sin embargo, el dato más significativo apareció al observar las cantidades: el volumen de bienes comprados al exterior se desplomó un 11,2% respecto del mismo mes de 2025.

La diferencia entre ambos indicadores es importante. Aunque el valor total de las importaciones disminuyó de manera moderada, el aumento de los precios internacionales compensó parcialmente la contracción de los productos que ingresaron al país. En otras palabras, la Argentina gastó una cifra relativamente cercana a la del año anterior, pero recibió un volumen considerablemente menor de mercaderías.

El retroceso alcanzó a los distintos usos económicos de las importaciones y volvió a poner en discusión la evolución de la actividad productiva. Las compras externas incluyen desde maquinaria y componentes industriales hasta insumos utilizados por las empresas, combustibles y bienes de consumo. Cuando se reduce su volumen, puede ser una señal de menor demanda, de dificultades para sostener la producción o de una combinación de ambos factores.

Uno de los datos más preocupantes apareció en los bienes vinculados con la inversión. Las importaciones de bienes de capital cayeron un 16,6% en cantidades durante septiembre, mientras que las piezas y accesorios para esos equipos retrocedieron un 11%. Se trata de productos que resultan fundamentales para ampliar la capacidad productiva, renovar maquinaria y mantener en funcionamiento distintas actividades industriales.

La tendencia también se observa en el acumulado de los primeros nueve meses del año. Entre enero y septiembre, las importaciones de bienes de capital disminuyeron un 13,9% en volumen, mientras que las piezas y accesorios registraron una contracción del 25,9%. En términos de valor, las caídas fueron del 6,5% y del 17,5%, respectivamente.

La reducción de las compras de maquinaria y componentes plantea interrogantes sobre las perspectivas de inversión. Una economía que busca aumentar su productividad necesita incorporar equipos, actualizar tecnologías y sostener la infraestructura que permite producir. Si esas adquisiciones se postergan, la capacidad de expansión puede verse limitada, incluso cuando algunos sectores muestran oportunidades de crecimiento.

El retroceso no se restringió a la inversión. Las importaciones de bienes de consumo disminuyeron un 8,5% en cantidades interanuales, mientras que las compras de vehículos de pasajeros cayeron un 21,6%. También se registró una fuerte contracción en el volumen de combustibles y lubricantes, que bajó un 29,4%, aunque su valor aumentó un 3,5%.

Los bienes intermedios, utilizados como insumos para elaborar otros productos, también mostraron una caída del 3,2% en cantidades. Su valor, en cambio, aumentó un 11,9%, impulsado por precios que subieron un 15,7%. Esa diferencia vuelve a mostrar por qué el valor monetario del comercio exterior no siempre refleja de manera directa cuánto se compra o se vende en términos reales.

En conjunto, las importaciones totalizaron 56.069 millones de dólares entre enero y septiembre, un 2,5% menos que en el mismo período del año anterior. En cantidades, el retroceso acumulado llegó al 9,7%. La serie desestacionalizada registró en septiembre un avance mensual de apenas el 0,2%, mientras que la tendencia-ciclo permaneció sin variaciones, un comportamiento que no permite identificar todavía una recuperación sostenida.

Del otro lado de la balanza comercial, las exportaciones alcanzaron los 10.036 millones de dólares en septiembre, con un crecimiento interanual del 23,5%. Las cantidades exportadas aumentaron un 6,1% y los precios un 16,4%. El sector de combustibles y energía se destacó con una suba del 89,1%, en línea con el peso creciente de los hidrocarburos en las ventas argentinas al exterior.

La diferencia entre exportaciones e importaciones generó un superávit comercial de 2.976 millones de dólares durante septiembre, unos 2.039 millones más que en el mismo mes de 2025. De esa manera, el país acumuló 34 meses consecutivos con saldo comercial positivo. Entre enero y septiembre, el superávit llegó a 21.198 millones de dólares.

El resultado representa una fuente importante de divisas para la economía, pero su interpretación requiere observar también qué ocurre con la producción y la demanda interna. Un superávit puede ampliarse porque crecen las exportaciones, porque disminuyen las importaciones o por una combinación de ambos procesos. En el caso de septiembre, el aumento de las ventas externas convivió con una fuerte reducción de las cantidades importadas.

Esa combinación abre una discusión sobre la calidad del crecimiento económico. El ingreso de dólares provenientes de la energía y otros sectores exportadores puede fortalecer las cuentas externas, pero no garantiza por sí solo una recuperación generalizada de la inversión, el empleo y el consumo. El impacto depende de la capacidad de esos sectores para generar actividad en otras ramas de la economía y de las condiciones que enfrentan las empresas que producen para el mercado interno.

El Gobierno de Javier Milei sostiene que el contexto internacional adverso contribuye a explicar la desaceleración. Durante una conferencia de prensa del 19 de octubre, el vocero presidencial, Adrián Ravier, reconoció que la economía había atravesado un trimestre negativo y que el crecimiento previsto para 2026 sería menor al esperado inicialmente. Al mismo tiempo, defendió la continuidad del programa económico y afirmó que el país seguiría creciendo, aunque a un ritmo más moderado.

El escenario externo efectivamente puede afectar los precios, el financiamiento y las decisiones de inversión. Sin embargo, la caída de las importaciones también obliga a examinar los factores internos que condicionan el consumo y la producción, entre ellos el poder adquisitivo de los ingresos, los costos empresariales y las expectativas sobre la demanda futura.

La apuesta oficial se apoya en el equilibrio fiscal, la desregulación y la expansión de sectores con capacidad exportadora, como la energía y la minería. El desafío consiste en que esos motores contribuyan a ampliar la actividad económica más allá de sus propios sectores y permitan sostener una recuperación que llegue también a las empresas proveedoras, la industria y los hogares.

Los datos de septiembre muestran, por ahora, una economía con dos movimientos simultáneos: un fuerte ingreso de divisas por las exportaciones y una reducción significativa del volumen importado, especialmente en los rubros vinculados con la inversión. El superávit comercial ofrece un respaldo externo, pero no alcanza para demostrar que la actividad productiva esté recuperándose de manera homogénea.

La evolución de los próximos meses será clave para determinar si la contracción de las importaciones responde a un ajuste transitorio o si anticipa un período prolongado de menor inversión y demanda. Para consolidar un crecimiento sostenible, la Argentina necesitará no solo vender más al mundo, sino también fortalecer su capacidad de producir, invertir y generar empleo dentro de sus propias fronteras.